Siempre he pensado que para conocer una ciudad no hay nada mejor que caminar por sus calles y usar el transporte público llámense taxis, buses, trenes, tranvías o metros.
Lo cierto es que esta mañana estaba cayendo sobre Toronto una fina lluvia que por instantes dejaba de ser fina y pasaba a transformarse en un fuerte chaparrón.
Me dirigía a Mont Dennis; un vecindario poblado en su mayoría por inmigrantes hispanoamericanos y del caribe.
Debido a una investigación que estoy llevando a cabo para la Universidad de Toronto, he tenido la oportunidad de conocer a profundidad las arterias de la ciudad y a las diversas comunidades que pueblan la misma.
También tengo la dicha de poder andar de norte a sur, de este a oeste y de sentirme como pez en el agua en el metro, en los buses y en los streetcars, y dentro de poco será el turno de la bicicleta, gracias a que el invierno es ya cosa del pasado.
En Toronto he conseguido no sentirme con un turista más; tal y como me he sentido en varias ciudades. No sé, pero la ciudad tiene algo que me ata a ella y que me lleva de la mano. Puede ser la multiculturalidad, los diversos colores y los distintos idiomas que vuelan por sus aires.
Hay ciudades que he llegado a amar incluso con vehemencia como Barcelona, París, Amsterdam y otras que me causan indiferencia, pero siempre he sido un turista, aunque me halla empeñado por mantenerme alejado de los grupos turísticos que marchan frenéticamente armados con modernas cámaras.
Esta mañana rumbo a mi trabajo tuve que caminar por más de media hora, sombrilla en mano y con mi nuevo descubrimiento musical ( una banda Inglesa de Rock Progresivo llamada Archive). Caminé pensando en la suerte que tengo por vivir en una ciudad como Toronto (aunque todo el panorama pareciera indicar de que estaba caminando por la lluviosa Londres).
La zona de mi investigación no es la zona mas "chick" de la ciudad, es más, es una de las zonas menos desarrolladas ( sin llegar a compararse con algún barrio de Managua,alguna favela en Río de Janeiro o alguna chabola en las orillas de Madrid).
Estoy conociendo el otro lado de Toronto y dista de sobremanera del Toronto próspero, con altos edificios forrados por pulcros cristales y en donde el denominador común es la modernidad y el progreso.
Ahora conozco los estragos que están causando las drogas duras, el alcoholismo, la violencia y la marginalización.
En fin, creo que todas las grandes ciudades poseen las mismas características, pero repito que no es lo mismo pasar de paso a convivir diariamente en una comunidad y ese es mi caso. Por fin dejé de ser un turista más y he logrado sentir que de nuevo una ciudad me vuelve a pertenecer, tal y como en un día me perteneció Tegucigalpa, sin embargo al igual que los trashumantes, que se adaptan a los distintos espacios que recorren, puede suceder que otra ciudad en el futuro me acoja en su seno.
Por los momentos me quedo con el Toronto que ofrece de todo un poco y donde los locos van a su propio paso, soñando despiertos en technicolor, me quedo con el Toronto que se viste de gris cuando la nieve se empieza a derretir y con el Toronto que sabe reír en las noches de verano.
Son muchas cosas que hacen especial a las grandes ciudades, será porque soy un animal urbano, un caminante que ama el olor a café, los improperios y el sonido del metro deslizándose por los rieles de acero al entrar en la estación.
1 comentario:
Me encanta saber que estás viviendo un momento especial de descubrimiento y de nuevas sensaciones. Es muy rico sentir que la vida nos regala estas oportunidades y veo que las estás disfrutando. Un beso y un abrazo muy fuerte
Marta
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