martes, 4 de diciembre de 2012

Nota de Duelo a un País Llamado Honduras



Esta columna es como un mandato del alma y al mismo tiempo es una nota de duelo.
 Disculpen el excesivo sentimentalismo y si caigo en el fondo profundo de la cursilería.
Esta vez no me quiero guardar nada y voy a traspasar esa tenebrosa línea que me aparta de lo pueril y la cual siempre he evitado cruzar.
El sábado a primera hora de la mañana aterricé en Toronto, después de haber estado tres semanas en Honduras.
Por cosas del azar llegué justo en el momento de las elecciones internas y me volví a encontrar frente al asqueroso y burdo espectáculo político.
Volví a ver los mismos spots publicitarios, donde los políticos de siempre casi se devoran vivos entre si; atacándose y rebajándose a la mas mínima expresión de educación y muchos otros que han salido literalmente debajo de las piedras, siendo unos don nadie y conducidos exclusivamente por las ansias de poder.
Aunque siempre estoy al tanto de lo que pasa en Honduras, no hay nada como ser testigo en primera persona del bochornoso espectáculo que desde siempre han representado las elecciones.
En fin, todo fue un show, el mismo show que se monta desde siempre y en el que todo es valido con tal de hacerse con una cuota de mando.
Todo esto, ocurre entre un ambiente de inseguridad que asusta y que no deja ni tan siquiera caminar por las calles sin el temor a ser decapitado por algún matón.
Hubo de todo, muertes, derramamiento de sangre, mentiras, injurias y desde luego fraude electoral, tal y como era de suponerse, porque en Honduras la palabra democracia es una palabra mancillada y denigrada.
Es chocante y me hierve las entrañas cuando compruebo con mis propios ojos que el país se esta hundiendo cada vez mas, mientras los políticos hacen de las suyas.
Desde el momento en que arribé a Tegucigalpa pude palpar el frenesí político, las paredes manchadas en los principales bulevares y millares de caras decorando los postes del alumbrado eléctrico, en una clara contienda por obtener un puesto en el gobierno y otros en un intento por aferrarse a las mieles del poder. Mientras las ciudades se estancan en la miseria y los poblados mas remotos siguen en el olvido. Esa es la realidad, una realidad que duele y que enferma.
La alegría por ver los amigos y la familia se vio opacada por la triste realidad, esa realidad que no se puede esconder y aunque varios traten de tapar el sol con un dedo, a la larga no bastan anteojos para ver directamente lo que esta enfrente de nuestras miradas.
En el vuelo de regreso a Toronto fui presa de una ensarta de sentimientos que están todavía volando por mi subconsciente. Me duele lo que pasa en Honduras, me duele cuando escucho los relatos de mis amigos que ya perdieron la esperanza de un mejor porvenir, me duele la violencia que carcome cada centímetro de tierra, cada espacio y que corta cada halito de aire.
No quiero sonar pesimista, pero, el próximo año será peor. Si en estas elecciones primarias el arsenal propagandístico fue inmenso, no quiero ni pensar como serán las siguientes elecciones generales que se llevaran a cabo en noviembre del 2013.
Me pregunto que pasaría si en lugar de tirar el dinero en las sucias campañas políticas, se destinaran todos los fondos para aliviar la miseria, para mejorar el deplorable sistema educativo y ni hablar del sistema de salud.
Seria una mejor Honduras, pero, lógicamente a nuestros gobernantes no les conviene, lo único que les interesa es seguir manteniendo a la población adormecida con sucias arengas, con cánticos estúpidos y propuestas que no van a ningún lugar.
Lastimosamente, no veo un porvenir, creo que el cambio en el país tiene que venir desde un marco individual, ya que todos los partidos políticos están amañados y comprometidos a satisfacer los intereses de unos cuantos.
Me da rabia y me indigna como están acabando con Honduras, cuando tenemos todo para desarrollarnos y para ser una nación próspera.
Esa es la historia de Latinoamérica. Llegara el momento que el pueblo unido se levante, eso si, todos con una causa en común y sin distinción de colores e ideologías, solamente nos moverá la indignación contra los corruptos que nos han  condenado a vivir sin esperanza y que se han enriquecido a costillas de un pueblo moribundo.
La verdad es que sigo indignado, no tengo ganas para escribir sobre la belleza de las playas del mar caribe o sobre el verdor de las montañas.
 Otro día, quizás vuelva a escribir sobre los elementos que me hacen feliz cuando visito Honduras, pero, por ahora me quedo con la indignación y la rabia a flor de piel.
He hecho uso del derecho que como ser humano me corresponde para estar triste y la lluvia que cae en la ciudad esta ayudando a que consiga mi cometido.

Toronto 4 de noviembre.

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