“Mi ideal más querido es el de una sociedad libre y
democrática en la que todos podamos vivir en armonía y con iguales
posibilidades”.
Nelson Mandela
Entre todos estos hechos, quiero sacar un intervalo
de tiempo para compartir la alegría que me embarga: el invierno poco a poco se está
alejando y la primavera empieza a asomarse tímidamente.
Este fin de semana tuvimos un clima radiante en la
ciudad, ocho grados centígrados y un sol... ese sol que tanto necesito para regenerarme
y que tanto estaba extrañando. Aunque todavía quedan pedazos de hielo por la
ciudad y la nieve ha dejado de ser blanca y se ha convertido en una mancha
gris.
Mañana estaré volando a Perú por asuntos de trabajo
y regresar a Latinoamérica siempre es algo especial, algo que me llena de
emoción y que da fuerzas para seguir adelante.
En fin, luego estaré escribiendo sobre el
maravilloso país andino y sobre las emociones que producen las esperas en los
aeropuertos, las soledades en los pasillos de los hoteles y los fabulosos cafés
que dan vida cada mañana entre extenuantes reuniones de trabajo y el estrés de
producen las mismas.
Pasando al tema de la columna de hoy: El mundo está
centrado en el cónclave que elegirá al nuevo papa y donde Honduras estará
representado por el Cardenal Oscar Andrés Rodríguez, "el cardenal de los
ricos" como le llaman varios de mis compatriotas.
Creo que dicho mote explica en resumidas cuentas la
visión que ha tenido la iglesia católica desde su creación, la cual obedeció a
intereses de poder y de conquista por parte del imperio Romano, que al ver que
la verdadera filosofía de Jesús, esa filosofía de luchar por los marginados y
los excluidos iba cobrando fuerza, no tuvieron más remedio que crear una religión
para no perder el poder y adecuar la misma a sus propios intereses.
Como millones de personas en el mundo fui educado
en el seno de la iglesia católica, desde mi bautizo en la parroquia de San
Antonio en Tela hasta mi confirmación en la Parroquia de Fátima de
Siguatepeque, sin contar mis años en escuelas y colegios católicos, hasta que
cuando llegó el momento de ir a la universidad dije- basta- y las aulas de la
Universidad Nacional Autónoma me abrieron sus puertas.
Mi madre que ha sido uno de los pilares fundamentales
en mi vida y quizás una de las motivaciones que me hace levantarme cada mañana,
incluso en los días helados y grises, desde siempre intento hacer de mi un
"buen cristiano".
Tuvimos muchos choques y muchos pleitos, y es que
yo no entendía por qué los curas no se podían casar o por que no podían haber
curas mujeres (todavía no lo entiendo) eso era cuando era pequeño, luego con
mayor sentido común, me empecé a cuestionar como era posible tanto lujo en el
vaticano, la opulencia y la riqueza, cuando en mi país las hambrunas estaban
acabando con miles de niños.
Terminé cuestionando prácticamente toda la
filosofía de la iglesia. Todo aquello concluyó en eternos alegatos entre mi
madre y yo, cada quien defendiendo su postura y sus posiciones a capa y espada.
Dichas diferencias de ideas llegaron a
distanciarnos, hasta que nos dimos cuenta que era una estupidez separarnos por
tener distintos enfoques.
Por suerte, después de varios años los dos
terminamos entendiéndonos y respetando nuestras diferencias. Ahora comprendo a
mi madre, que fue criada en una doctrina heredada al igual que millones de
personas en el mundo y lo tanto que cuesta romper las cadenas del
tradicionalismo. Principalmente en Latinoamérica donde somos más dados a los
sentimentalismos y a las nostalgias. Somos católicos porque nuestros abuelos
eran católicos o porque nuestros conquistadores, que de paso aprovecharon para
saquearnos nos dejaron una religión como “herencia”.
Ahora puedo dar la noticia que mi madre con la cual
hablamos de todo sin tabúes, desde el acontecer político en el mundo, hasta de
sexualidad, me ha dicho que está de acuerdo con el uso del condón. Ella una
católica, apostólica y romana de cepa. Sé muy bien que esto es solo la punta
del iceberg y al igual que mi madre hay millones de católicos que piensan que
la iglesia tiene que tener un cambio radical y ajustarse a estos tiempos, y se
deje por un lado el hecho de que los Cardenales son solamente para oficiar las
misas de los ricos, para casar los hijos de los poderosos y para apoyar golpes
de estado.
He conocido curas sensacionales, con ese espíritu de
lucha y comprometidos con las causas sociales a favor de los pobres, sin
embargo, han sido marginados por la jerarquía de la iglesia y como decimos en
Honduras los han tenido a "mecate corto". Incluso han llegado a
brindar su vida por los pobres, para muestra un botón y tenemos a Arnulfo
Romero, acribillado por decir la verdad y por promulgar a ese Jesús que hablaba
de igualdad y de justicia, todo lo que el vaticano está reprimiendo en estos
momentos, satanizando las bodas entre personas del mismo sexo y promoviendo el
machismo al no dejar que las mujeres puedan regir los destinos de la iglesia o
protegiendo los sacerdotes que han abusado sexualmente cientos de niños en
varias partes del mundo y tratando de tapar el solo con un dedo.
No tengo nada en contra de la iglesia o en contra
de los curas. Hay momentos que esa nostalgia o melancolía tan latina aparece y
me hace recordar algunas oraciones o algunos cantos que de niño aprendí o viene
a mi memoria el recuerdo del Padre Pablo mi maestro de Filosofía e Historia
Universal en mi último año de bachillerato y del cual aprendí tanto. Siendo
hasta el día de hoy uno de los mejores maestros que he tenido en mi vida
académica.
Creo que el papa Benedicto XVI ha pasado sin pena
ni gloria como el máximo representante de la iglesia, le ha faltado carisma y
liderazgo; no ha sabido llevar a la iglesia por la senda de los cambios que la
misma necesita.
Todo lo contrario de Hugo Chávez, no me gustan las
comparaciones, creo que son odiosas, pero, en esta columna me voy a ensuciar la
camiseta y voy hacer una comparación ¿Qué hubiese pasado si en lugar de la renuncia del papa, este se hubiera
muerto al mismo tiempo de Hugo Chávez? ¿Qué noticia hubiese tenido un mayor
impacto en el mundo? No voy a contestar para no ser juez y parte, dejo la
pregunta al aire, aunque tenga la respuesta en la punta de los labios.
Lo cierto es que me he sorprendido con el
reconocimiento popular que ha recibido Chávez, no solamente en Venezuela, sino
que a nivel mundial, como es lógico y también en algunos casos hasta permitido,
han habido algunos que se han alegrado por el fallecimiento de Chávez Frías,
especialmente en Honduras donde Chávez es una especie de demonio para algunos y
un Robin Hood que se ha parado enfrente de ese poderoso imperio del norte
llamado los Estados Unidos y que desde el siglo pasado ha controlado los
designios de la política latinoamericana.
Quizás una de las cosas que más me molesta es que
se digan opiniones sin sustentos y sin conocimientos de causas. En Honduras es
tan común hablar por hablar, es tan común dejarse guiar o manipular por la
opinión de otros y no ver las cosas de manera objetiva. Me refiero a pseudo
periodistas apegados a los grupos de poder, que buscan mal informar y mantener
a la población acorralada.
Se ha construido una imagen temeraria de Chávez y se
ha llegado a santificar a otros personajes que merecen, incluso ser juzgados
por crímenes contra la humanidad.
Es increíble como ex presidentes como Rafael
Callejas son admirados y cuando se le pregunta a la gente el por qué,
contestan: porque supo robar, no le han comprobado nada, claro, en un país en
donde el poder judicial esta polarizado y donde el dinero mueve influencias o
como otros ponen a Roberto Micheletti como un prócer que nos libró de caer en
el “macabro” comunismo.
No estoy poniendo una aureola sobre la cabeza de
Chávez, solo estoy viendo los hechos como son, de frente y lo que está a la
vista no necesita gafas.
Nunca habíamos pagado un precio tan bajo por los
combustibles como cuando estuvimos entre los países del ALBA, hubo un gran
intereses por hacer una nueva reforma agraria y redistribuir la tierra de forma
justa, al igual que varios tractores que llegaron desde Venezuela para incentivar
una modernización del sistema de producción agrícola en nuestro país y ser auto
sostenibles y así poder alimentar las millones de almas que se van a la cama
cada noche sin un bocado en el estómago. Mientras por otra parte otros apoyan a
las cadenas norteamericanas de comida rápida, que no pagan impuestos, aduciendo
que incentivan el turismo, cuando todos sabemos los problemas de salud que
están causando estas poderosas cadenas y como han desplazado de nuestros
hogares las recetas sanas de nuestros antepasados.
Esto no se trata de ideologías de izquierdas o de
derechas, esto se trata de hambre, de combatir la miseria y promover el
desarrollo, se trata de sentido común y de ver quiénes son los verdaderos
demonios.
Ojala que nuestras generaciones futuras logren
quitarse esas vendas de los ojos y podamos elegir otros caminos para empezar a
construir un futuro mejor. Eso sí, sin políticas impuestas, que seamos nosotros
mismos los que elijamos nuestros líderes sin colores políticos como fondo de
telón.
Ojala que un papa humanista salga elegido, un papa
que destine las riquezas de la iglesia a proyectos para combatir la miseria en
el mundo, un papa que acepte la diversidad sexual y la igualdad de géneros.
Ojala que Latinoamérica pueda ser una sola desde
México hasta la Tierra del Fuego, ojala que podamos aprovechar todos nuestros
recursos de manera sostenible, mejorar nuestros sistemas de salud, de educación
y vivir con dignidad.
¿Eso suena mal? ¿Eso suena como algo horrible y que
atenta contra los seres humanos? Ustedes dirán…
Descanse en paz Hugo Chávez.
Toronto, 11 de marzo de 2013
No hay comentarios:
Publicar un comentario