“El
libro es fuerza, es valor, es fuerza, es alimento; antorcha del pensamiento y
manantial del amor”.
Rubén Darío
Resulta irónico, porque ahora más personas leen, más personas buscan la
manera de tener mayor información, cosa que me parece fantástica, no obstante,
es más complicado comprar un libro que
al final ayudará a sostener toda una industria literaria, sencillamente porque
las prioridades de supervivencia no nos dejan muchas elecciones, estamos
viviendo con la navaja entre los dientes y lastimosamente el campo de las
letras y el arte en general, son los que están pagando los platos ratos, sin
tener la culpa del descalabro que han hecho unos cuantos; llámense banqueros,
afamados economistas, políticos corruptos o monarquías decrepitas.
También, está esa otra realidad que nos ha traído el mundo entero a las
palmas de nuestras manos, llamado internet. Los libros de consulta cada vez
están pasando a segundo plano, ahora basta con oprimir un botón para tener la
información que requerimos en cuestión de segundos. Ya casi nadie escribe a
mano, nos hemos vuelto esclavos de los teclados (incluyéndome a mi) y esas
líneas delicadas de una letra fina y perfectamente delineada es asunto del
pasado. No estoy en contra del internet, es más, creo que ha sido una revolución que ha hecho que el mundo sea más democrático, al tener acceso a todo tipo de información en el momento deseado. Incluso se ha llegado a convertir en un medio de gran ayuda para difundir ideas (este blog es prueba de ello) aunque sueño cada noche con pasar de lo virtual a lo físico y finalmente poder acariciar con mis dedos temblorosos mi primer libro, creo que eso sería uno de los momentos más importantes de mi vida.
Sin embargo, ha llegado el momento para adecuarse a las exigencias de este mundo que marcha a una velocidad asombrosa y que cada segundo que pasa está cambiando, sin dejar a un lado los libros en su formato físico; que nunca perderán su encanto.
Soy un fanático de esas librerías pequeñitas que se encuentran
escondidas en algún callejón de cualquier
ciudad de este mundo, esas librerías que guardan entre sus estantes
hermosas sorpresas y no hay nada mejor; como sentarse en algún café a leer, sin
ninguna prisa y con todo el tiempo del mundo por delante para dejarse guiar por
cualquier historia o hacer un viaje largo en tren acompañado de una novela, así
como esperar por horas y horas la próxima conexión en algún aeropuerto en
compañía de un libro y café.
Soy del pensamiento que los libros se tienen que hacer circular, se
tienen que mover y ser pasados a otras manos. Me gusta prestar libros y nunca
espero el regreso de los mismos, solo espero que sean leídos y no me aferro a
los mismos.Me llena de ilusión un artículo que leí en una revista literaria mejicana, donde se decía que en Latinoamérica se está leyendo más, ya sea en formato digital como de la manera tradicional.
Pienso que los sistemas educativos latinoamericanos tienen que
reestructurarse por completo y reformar todas sus asignaturas, incluyendo la
materia de español, principalmente en el colegio y dejar de leer tantos
clásicos y enfocarse mas en libros contemporáneos, quizás en relatos más
apegados a nuestras realidades y casi puedo asegurar que los clásicos serán
leídos en una etapa más madura, lo importante es engendrar ese bendito hábito de
leer en nuestros jóvenes.
Siempre recuerdo esos primeros libros que me enseñaron otros mundos que
desconocía y que abrieron mi imaginación de par en par. Todavía en mi mente
navegan esos libros que despertaron en mi esas ansías locas de mezclar la
ficción con la realidad y que han sido la perfecta compañía en los momentos más
difíciles de mi vida, justo y cuando he necesitado un espaldarazo en la
espalda, ahí han estado los bocetos de Cortázar, los pueblos inventados de
García Márquez, esa exquisita escritura sin preámbulos y sin ataduras de Ramón
Amaya Amador, que me hizo llorar con libros ancestrales y que tienen que ser una
obligación para todo hondureño, para poder ser un poquito más humanos y no
olvidarnos que tenemos que luchar contra la miseria y las injusticias.
Los libros van de la mano con las etapas que se están viviendo en la
vida misma, y nuevos títulos van apareciendo, al igual que nuevos estilos. En
esas trasmutaciones ya sean de espacio geográfico o de índole existencial, me
he encontrado con Paul Auster, con Margaret Atwood, Junot Díaz y Roberto
Bolaños entre otros.
Aunque la economía mundial no esté pasando por su mejor momento, esto no
significa que se dejarán de escribir libros, es más, más libros aparecerán,
porque es bien sabido que de los momentos amargos es cuando más inspiración
aflora, es cuando se inventan otros mundos y la creatividad simplemente es una
herramienta vital para escaparse de lo establecido y para encontrar respuestas.Todos los amantes de la literatura esperamos que los libros sigan siendo elementos importantes en la vida cotidiana de todos los seres humanos, pero, sobre todas las cosas, esperamos que los libros nunca mueran y que sigan siendo ese bastión tan fundamental y tan necesario, para que nos guíen a ser mejores personas”.
Toronto, 5 de junio, 2013.

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