La tasa de papel de arroz,
se deshizo cuando el agua fría cayó sobre ella,
Los cristales de la ventana rechinaron ante las
exclamaciones que el viento arrojaba,
huraño, determinante; quizás intocable.
Puse un cartel en la misma ventana,
anunciando que vendía sueños al dos por uno,
a un módico precio.
Desde ese día estoy sentado en la misma silla,
esperando que alguien llegué a comprar un sueño.
Mientras espero,observó a mi alrededor y todo es un
conjunto vacío, una ecuación inexacta de objetos vacuos,
pueriles, que no existen, que solo viven en lo subreal.
Me temo que permaneceré por mas tiempo, esperando sentado
en la misma silla.
Nadie muestra interés en comprar sueños,
que nunca han existido, que siempre han carecido
de todo sentido.
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