EL vaso de vino tinto se añeja en la mesita de noche,
que un día nos perteneció a los dos,
la cajetilla de cigarrillos a medio morir;
quizás con cuatro cigarros rotos, fue a parar al
desván de los olvidos.
Las fotos con las rosas de fondo y las espinas
arrojadas a granel en el suelo, fueron
el perfecto rosario de cuentas vacías.
Los viejos discos, los libros desparramados, los gatos
que circulan incipientes por los tejados vecinos y las
lunas rotas que se olvidaron de menguar; me traen tus
aromas, tus sombras tiernas, tu pelo y tus manos
de fuego, que me hacían arder en un mar de caricias...
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