Recuerdo como si fuera ayer, la primera vez que lleve a mis dedos de la mano derecha un viejo bolígrafo bic casi sin tinta a punto de fallecer. lastimosamente la memoria me ha jugado a ultima hora una mala pasada y la fecha exacta se ha olvidado, pero no el momento en que me refugie en el patio del colegio con un cuaderno a rayas y el viejo bolígrafo y ahí entre arboles de mango y con el suelo mojado por la lluvia del día anterior escribí mi primera poesía. transcurría 1996, creo que fue el mes de mayo, en el inicio del invierno en Honduras. El motivo por el cual escribí esa primera poesía no lo he podido olvidar y creo que nunca lo voy a olvidar; Una compañera de curso me gustaba mucho y creo que yo le gustaba a ella también. Eran esos primeros amores de adolescente que no pasaron de ser solo fantasía. Paso un año y ella nunca se enteró de mis sentimientos y por mi parte lo único que me pertenecía eran mis poesías donde sacaba de una manera despiadada mi amor y mi odio hacia el mundo en que me toco vivir. Se preguntaran a que viene todo esto, la respuesta puede ser fácil, pero a mi me gustan los rodeos y no las trivialidades en que viven varios seres humanos. Cuando llegaba la hora del recreo mis compañeros varones se dirigían a la cancha de basketball y las mujeres a una glorieta donde comentaban sobre los artistas de moda o la ultima telenovela. En cambio yo a partir de aquel día en que descubrí que podía escaparme de la realidad a través de las letras me refugiaba religiosa mente en el patio trasero del colegio, me acostaba sobre la grama por veinte minutos que duraba el recreo y entre macizos árboles de mango con mi bolígrafo y mi cuaderno a rayas volaba, me deslizaba por las palabras que salían desde mis profundidades y empecé a escribir no solo sobre amor, si no que contra todo aquello que me lastimaba. Me sentía tan bien cuando terminaba de escribir una poesía y luego la leía en voz alta, pero para mi solo, ese era mi rito, ese era el pacto que había sellado con mi inspiración. La adolescencia quedó atrás y mi vida quedo marcada por las marcas del acné, mis miedos se acrecentaron y en vez de luchar contra ellos, acepte que no podía vencerlos y firmamos un acuerdo, una especie de tregua. De esos miedos saco mis artimañas y mi caótico vocabulario impuro que me hace mostrar un comportamiento extraño. Llegue a la universidad y me encontré con un mundo tan diferente al que había soñado, en lugar de encontrar libertad encontré la esclavitud. Pasaba todo el día en la universidad corriendo de aula en aula, entre una multitud ingrata que se pisaban entre si. Mi único escape era una pequeño parque atrás de la facultad de biología. Me sentaba en una banca de madera descolorada a pensar en mis soledades, igual, seguí escribiendo y me seguí enamorando de cualquiera. La inspiración me pedía encontrar un canal para que mis ideas pudieran llegar integras a su destino o sea a la libreta amarilla con lineas rojas que había sustituido a mi antiguo cuaderno a rayas. Y que mejor canal que los libros, la banca descolorida tuvo la misma suerte del cuaderno a rayas y fue sustituida por una silla recién barnizada de la biblioteca. Conocí al Gabo, Kafka, Isabel Allende a Ramon Amaya Amador, Julio Escoto y gracias a Irving muy buen amigo conocí a Cortazar. Descubrí otro mundo en los libros y Cien años de soledad me hizo soñar y rayuela volar por los anaqueles de la irrealidad. Los libros se convirtieron en mis complices e hicieron de mi lo que ahora soy.
Seguí con mis poesías hasta que llegó alguien a quien se las recite por primera vez, temblando por revelar mis miedos y mis sentimientos y sintiendo un gran alivio cuando termine de leer. Por un par de años engañe a mis miedos con la felicidad y el engaño no duró mucho. Gracias a la tristeza encontré de nuevo a la melancolía acostada en mi cama esperando por ser besada. Surgió una pasión candente que pude controlar con las letras. Recuerdo cuando empecé a escribir Rostros Color Caribe, en principio un cuento que se alargó, viví en primera persona no a través de los libros esa experiencia de ser un escritor, de descolgarme de las normas y de hacer lo que me entrara en gana.Había perdido un trabajo que no me gustaba y un amor que nunca me perteneció o quisas si, creo que nunca lo sabré. El terreno estaba preparado, tenia el espacio, el tiempo y la tristeza de mi lado emanando a raudales. De la poesía pase a los relatos cortos y largos, todavía no me puedo llamar novelista, necesito armar los rompecabezas que se están añejando en mi interior. Ahora quiero vivir escribiendo, es lo único que controla a mis miedos. No se si soy bueno en esto, no se que estilo tengo y no se adonde me llevara mi imaginacion, solo se que no puedo vivir sin hacer un uso exhaustivo de mis juegos de visiones que ayudan a calmar mis ansiedades aunque no terminen de una vez por todas de mostrarme el porvenir.
Nunca había sentido un frió tan fuerte en mi vida, Castellón se vistió de lluvia hoy y el cielo esta como enojado exhibiendo una oscuridad total, ahora se a que me voy a enfrentar en el invierno. Tengo miedo de no poder calentar mi cama, tengo miedo de que mis huesos se desvanezcan entre estas frías paredes. Y tu que no vuelves a casa, a tu cubil secreto para acompañar a esta anacrónica caricatura humana.
Ahora no tengo ni el cuaderno a rayas ni la libreta con paginas amarillas, tengo una computadora portátil y el espacio para escribir, todavía conservo esas imagenes que vuelan por mi mente y eso es lo que me da fuerzas para seguir adelante haciendo lo que mas me gusta hacer sin importarme un bledo los que digan los demás.La computadora no ha violado es rito sagrado de la inspiración y cuando esta llega no hay quien la detenga. Conservo todavía mis sueños y mis ilusiones y ahora mismo entre esta fria habitación cierro mis ojos y traigo a mi mente el patio del colegio y los arboles de mango, el cuaderno a rayas y el viejo bolígrafo Bic...
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