"La puerta
esta entre abierta, una breve ranura me permite ver adentro de la
habitación y todo es caos; libros desparramados, hojas color amarillo
atiborradas de letras con una caligrafía inconclusa. Puedo ver un diccionario
francés-español y una guía de viajes de Francia, mas específicamente de Paris.
Tengo ganas de
entrar a la habitación, pero, me abstengo, en un intento claro por no encontrar
algo que no deseo. Deje la puerta tal y como estaba, entreabierta y me voy a la
cocina a preparar un café.
Preparo el
café en la vieja cafetera italiana y me entretengo viendo por la ventana.
El paisaje que
tengo afuera no es el más alentador, una densa neblina reina en el ambiente y
es más que evidente que en un par de minutos comenzará a llover.
Es esa lluvia fina
que cae tan delineada, que parece que no moja, pero, después de un par de
minutos empapa todas las superficies.
Detesto la lluvia,
me deprime y me ata a quedarme en casa.
La cafetera tararea
un sonido en la estufa, el café esta listo. Me sirvo la bebida en una taza,
que es un suvenir de un viaje que hicimos juntos a Londres el verano
pasado y me voy a la sala.
No enciendo la televisión,
de antemano se que no encontraré nada que ver, pasa igual con la computadora
portátil y solamente me quedo quieto observando una replica de un Miró que
cuelga en una de las paredes de la sala.
El café me sabe a
gloria y calienta mis huesos, que están tan necesitados de calor. En eso
escucho el timbre una y otra vez, y no atiendo la puerta. Me da igual quien
esta llamando a la puerta, se muy bien que no puede ser ella, lo siento adentro
de mi ser.
Sigo enfocado en el
Miró, mientras le doy sorbos a mi café, que poco a poco se va extinguiendo.
En eso, no aguanto
más y vuelvo a la habitación. Me asomo por la ranura de la puerta y me vuelvo a
encontrar con los mismos elementos. La curiosidad se acrecienta y no puedo resistir
al impulso de abrir la puerta de una vez por todas de par en par y profanar
aquella habitación, que de cierta manera, también me pertenece.
Entro en la habitación
y otro espacio aparece delante de mis ojos; todavía huele a vino barato, a sexo
y a tabaco.
La cama es una
especie de trinchera, las sabanas forman un embrollo y tres toallas todavía
húmedas se suman a la causa. La cómoda que esta adherida a la pared, es una
muestra evidente que se ha marchado, ha recogido su ropa y se ha largado,
quizás para siempre, quizás no.
En la mesita de
noche que esta al lado de la cama hay una copa vacía y un cenicero repleto de
cenizas que han pasado a mejor vida.
Me siento al final
de la cama, para intentar organizar el rompe cabezas. ¿Adonde se abra ido? ¿Quizás
Paris o Nueva York? o ¿Estará en algún pueblo del sur? Con ella nunca se sabe,
todo es posible; En el mundo que hay adentro de su cabeza lo racional es un
asunto aparte.
Aunque en un
momento quise que se fuera, que se largara de mi lado y que me dejase
en paz de una vez por todas, ahora que estoy en esta habitación contemplando lo
que un día fue, tratando de reconstruir las piezas rotas de mi vida, asumo que
la necesito, como un junkie necesita su heroína o como el cielo necesita la
luna y el sol.
No sé que hacer, no
lo quería aceptar, pero estoy perdido sin su presencia, sin sus arrebatos del
humor, sin sus gritos y finalmente sin sus caricias que a veces se transforman
en ráfagas de fuego.
También se ha
dejado el móvil; lo encuentro tirado en el suelo, casi debajo de unas bragas
color negro. Lo recojo de donde descansa y trato de encenderlo, pero, no hay
carga y encontrar el cargador en aquel caos es una misión imposible.
Llego a la conclusión que es imposible que se
halla largado así por así, sin decir absolutamente nada. Debe de haber un
rastro, una nota, una pista que me haga llegar a ella o en el peor de los casos
entender que ha pasado.
Sin embargo, no
quiero indagar mas, dejaré que las cosas simplemente se den y se dejen guiar
por su propio curso, aunque si no vuelve, me lo recriminaré para siempre.
Por lo pronto,
regresaré a la sala y me quedaré contemplando como la lluvia cae a través de la
ventana".
Toronto, 10 enero, 2013
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