“No cabe duda de que cuando de fiesta se trata, nuestros representantes diplomáticos
sobresalen.
En algunos casos, llegan a salirse de lo normal y las fiestas pueden
terminar siendo absolutos frenesís.
La noticia de que en la embajada de Honduras en Colombia, se desarrolló
una fiesta con prostitutas, que al final resulto siendo un grave error, ya que
se extraviaron un par computadoras pertenecientes a la embajada, así como teléfonos
celulares destinados a uso oficial y todo porque los organizadores de la fiesta
(personal de la embajada) se negaron a pagarles a las chicas o a los travestis
que contrataron para hacer de la fiesta una verdadera “celebración” de navidad.
Algunas fuentes dicen que se trataban de prostitutas otras que se
trataban de travestis, aunque el episodio no es nada claro.
La embajada de Honduras intentó mantener el asunto debajo de la mesa,
pero, al final resultó imposible y el escándalo saltó a la luz pública;
terminando con la sustitución del embajador y el nombramiento de una comisión
para investigar los hechos.
A todo esto se suma las irregularidades en el proceso electoral que se llevó
a cabo en noviembre y que terminó con la destitución de algunos miembros de la
corte suprema de justicia, orquestada por el candidato a presidente Juan
Orlando Hernández y el cual al parecer está obsesionado con el poder y que es
capaz de todo con tal de llegar a la presidencia del país.
Imagínense cuánto cuesta mantener una embajada en Paris o Londres y no
son dos o tres “gatos” que "trabajan" en pro de fortalecer las
relaciones diplomáticas, sino que son varias personas, que literalmente no
hacen absolutamente nada, solamente devengar un jugoso salario y vivir como
reyes.
No creo que sea lógico que alguien que ni tan siquiera resida en el país
busque un cargo popular, tan importante como es ser parte del congreso de la república,
ante tal hecho varios la bautizaron como la “candidata a control remoto”.
Así es nuestro país, manejado por ineptos que solo hacen caso a sus
intereses personales y que no les importa un comino el bienestar común.
En fin regresando a la dichosa fiesta en la embajada; este hecho solamente corrobora que la corrupción y la falta de valores son los que verdaderamente gobiernan en nuestra nación y en las representaciones diplomáticas afuera de la misma.
Sin embargo, ya sabemos qué pasará con el asunto, en un par de días
terminará en el frío olvido y los implicados en el bochornoso acto serán
asignados a otra delegación diplomática, donde podrán seguir con
sus vidas rodeadas de lujos, de banquetes y de parrandas.
Nos quedaremos con la imagen de que en Honduras si sabemos organizar
fiestas, mientras el país se cae a pedazos”.
Toronto, 6 de enero 2013
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