miércoles, 30 de enero de 2013

De Escritos y Otros Asuntos

“Desde que era niño tenía claro que quería ser escritor. Aunque también quise ser bombero, futbolista profesional y en el peor de los casos bailarín. Todavía recuerdo mis coreografías cuando tenía seis años, bailando canciones de Miguel Bosé para mi madre y mis hermanas, pero, el baile nunca se me dio, al igual que la carrera de apaga fuegos o la de futbolista profesional, entre otras cosas que quise ser.

Con el transcurso de los años varias inquietudes han venido apareciendo y he ido descubriendo otros mundos. Las he hecho desde maestro, hasta trabajador social, pasando un tiempo en una cocina comunitaria, para luego proseguir en el mundo de las traducciones e interpretaciones, y ahora me las veo sentado en una oficina demasiada pulcra para mi gusto por ochos horas al día enfrente de la computadora.
Cuando he estado desarrollando diversas tareas y a pesar de haber tenido momentos de flaqueza, de dudas y de frustración, siempre he tenido claro que las letras y los libros son mi verdadera vocación, y que todo lo que estoy haciendo es exclusivamente para pagar las cuentas y por si se quiere ver de esta manera: para ganar experiencias, porque en esta vida hay que saber de todo un poco, no hay duda de eso y muy a menudo la actitud y el positivismo abren muchas puertas. Mi apego a la imaginación viene desde que era muy pequeño.

Yo fui uno de esos niños que crecen solos, así que tuve que ingeniármelas para entretenerme por mi propia cuenta; inventé personajes imaginarios y le di vida a mis fantasías para apalear mis soledades. En la adolescencia desalmada empecé a escribir mis primeros poemas para vengarme de todo lo que odiaba en aquellos entonces (por cierto odiaba muchas cosas) A los veinte, empecé a escribir mis primeros cuentos, a los veinticinco terminé mi primer remedo de novela y que me libró de un desamor y de una profunda depresión.
A los treinta terminé lo que puedo catalogar como mi primera novela “decente”, que me hizo hacer muchas paces con mi pasado y entender mi presente. Con mis treinta y tres recién salidos del horno, estoy metido en una nueva aventura, en un nuevo relato y tal como suele suceder; me encuentro emocionado, como un padre primerizo. Aunque llegarán momentos de frustración, de esa fuga inspirativa y de un ciclo repetitivo de hilos conductores, que estarán cerca de volverme loco, pero, que al final terminarán encontrando los ejes centrales.

 La carrera de escritor puede ser la más fantástica y a su misma vez la más injusta, no hay un punto medio entre la realidad y la ficción y casi nunca se reciben frases como las de “buen trabajo” o “me gusta lo que escribes”. La diferencia de ser un escritor a ser un pintor, es que los libros son más intangibles (el menos hasta que no se hallan publicado) en cambio un pintor pinta un cuadro o un caricaturista dibuja una caricatura y la prueba está ahí, visible ante el mundo, en cambio las letras, es otra historia, se tienen que cristalizar en un formato y el proceso nunca puede llegar.

No me gusta hablar de escritores buenos o malos, o de pintores buenos o malos, creo que el solo hecho de crear algo merece respeto, pero, para que un libro vea la luz, es un camino de espinas, todo un proceso que puede durar años y años, incluso décadas y el lector puedo decidir en cinco minutos con una soberanía eterna que lo que está leyendo y lo que ha llevado años para salir a luz pública, simplemente no sirve y ahí quedan los libros olvidados en algún armario.

Hay millones de escritores anónimos que nunca verán la luz al final del túnel y sus escritos se quedarán en la frialdad de algún disco duro o impresos en algún triste papel, sin nunca ser leídos. Eso me parece tan triste e injusto, quizás inhumano; otros se quedarán en el camino y abandonaran las letras para siempre, abatidos por la frustración de no poder publicar (espero no ser uno de ellos) otros simplemente seguirán escribiendo, porque escribir es la perfecta salida de los mundos vacíos en que vivimos. Entre tanto y tanto este blog me mantiene respirando, consigo apalear emociones y seguir a flote.

Consecuentemente, la pregunta del millón no tarda en llegar ¿conseguiré publicar algún día? La pregunta está en el aire y solo el tiempo tendrá la respuesta. Creo que no puedo vivir sin escribir, es un reclamo del alma, pero, como todo escritor, mi ilusión es ser leído y poder tocar un libro parido por mi imaginación. Creo que ese sería el cenit de mis anhelos e ilusiones. Me alegra de sobremanera porque Latinoamérica está pariendo una nueva era de escritores jóvenes, que poco a poco están andando por el camino labrado por los precursores del boom, llámense García Marques, Cortázar o Vargas Llosa.
Una nueva era de escritores está naciendo y se han despojado de tantos preceptos dados y están encontrando nuevos estilos. Ya no se tiene aquella idea que la literatura es asunto para viejos con enormes gafas y con abundantes barbas.

Ahora, la nueva camada se reúne en cafés contemporáneos, hablan de tecnología, de comida orgánica, son más conscientes de lo que consumen, del medio ambiente, aprenden idiomas, viajan por el mundo, se opina sobre los cambios socio-políticos, de igualdad de géneros y del derecho a poder casarse con el sexo que sea, en síntesis; se está más abierto a los cambios que las sociedades están experimentando. Pero, a pesar de la revolución de las telecomunicaciones y del acceso a la información, siguen existiendo fronteras y prejuicios, que tienen que caer de una vez por todas.

 Todos los creadores latinoamericanos a pesar de tener estilos narrativos diferentes, no nos podemos divorciar de la realidad y de las injusticias sociales, creo que por eso somos un género especial de literatura. Personalmente, soy un ferviente admirador de la vanguardia y me gusta cuando lo tradicional rueda por un precipicio y aparece lo distinto, y creo a ciencia cierta que este es el momento de la literatura latinoamericana y el momento de reivindicar de una vez por todas nuestro idioma español, cada vez más hablado en todo el mundo.

 Los escritores latinoamericanos nos estamos despojado de lo académico y hemos caído a la realidad que tenemos enfrente de nuestras narices, matizándola con ese exquisito surrealismo tan característico en nuestra cultura. La semana pasada recibí un cuento de un buen amigo de Honduras, que al igual que yo tiene ese gusanito literario haciendo eco en su mente y después de leer el cuento, comprobé lo que siempre he sabido; hay una nueva vertiente creativa en Honduras y en toda Latinoamérica, una vertiente que llega a enamorar y que deja un buen sabor de boca. También, que se despoja de paradigmas y que tiene un tinte alternativo.

 Semanas atrás navegando en internet me encontré el blog de Fabricio Estrada (Bitácora del Párvulo) poeta, intelectual y fotógrafo hondureño, llevándome una agradable sorpresa. Fabricio, al que desafortunadamente no he tenido el placer de conocer en persona, hace un despliegue de sentido común en su blog y ni hablar de las fotos que tocan el alma de cualquiera.

 No solo se trata de literatura; nuevas tendencias musicales estan apareciendo, el cine se atreve a explorar otros terrenos y el diseño gráfico está llegando a otros niveles. Creo que la necesidad nos hace tener un espiritu de sobrevivivencia y desarrollar la creatividad de una manera singular, muy a nuestro estilo, teniendo por banderas la espontaneidad y el valor de querer contar al mundo tantas verdades e injusticias.

 Para terminar, quiero proclamar el derecho irreverente que todos los seres humanos tenemos para soñar y ¿quién sabe? espero algún día poder dedicarme exclusivamente a lo que amo de verdad: a escribir y a soñar con otras fantasías, pero, siempre partiendo de la realidad en que me tocó nacer y comprometido con luchar por un futuro más prometedor”.

 Toronto, 29 enero 2013 vicerin@gmail.com

jueves, 17 de enero de 2013

Arriba la Bici




"Sin duda alguna cada vez más personas están usando la bicicleta en las grandes ciudades. Creo que al final, el mundo se está dando cuenta que tenemos que cambiar nuestros estilos de vida y ser más activos.

En Toronto, la cultura de la bicicleta ha crecido notablemente y a pesar del duro invierno, muchas personas usan las bicis para llegar a sus trabajos, dejando los coches aparcados en las casas.

En el verano varias calles de la ciudad están repletas de bicicletas, a pesar de este fenómeno el ayuntamiento de la ciudad está quitando algunos carriles de bicicletas, para expandir las carreteras.

 En Europa es otra historia; me recuerdo muy bien cuando visité  Ámsterdam y la sorpresa que me causó ver tantas personas en bicicleta, incluso hay semáforos en las calles para las bicis.

Desafortunadamente, en Toronto es otra historia al igual que otras ciudades norteamericanas, el coche es más que un medio de transporte, es parte de la cultura y símbolo de orgullo.

También está el elemento de que las grandes compañías que fabrican coches han vendido la imagen del poder y de la comodidad que estos representan,  dejando al transporte público relegado.

 Les conviene que las personas sigan comprando coches y lógicamente la gasolina se vuelve cada vez más esencial y los especuladores hacen su agosto con los precios.

Ni hablar de la salud, no se camina ni para llegar al café que está cruzando la calle y los casos de obesidad se han disparado de una manera dramática. Las ciudades norteamericanas han sido concebidas pensando en los coches y en la "comodidad". Se maneja a todos lados y para todo. Pero, he percibido que poco a poco la mentalidad está cambiando, especialmente en las grandes ciudades, donde lo cosmopolita se está anteponiendo a la tradición.

 Acá literalmente se nace manejando y se muere manejando, he conocido ancianos de noventa y pico años que manejan incluso el día en que mueren. Por la mañana salen en su coche y esa misma noche la muerte los sorprende descansando en la cama ¿Qué hubiese pasado si la muerte hubiese llegado en la carretera?

Las autoridades construyen más autopistas o expanden las ya existentes para hacer el tráfico más fluido, pero, nada está funcionando, cada vez el tráfico es más ensordecedor y las personas pasan más tiempo sentados en sus coches que siendo activos y se está pasando la factura; más enfermedades, trastornos mentales, estrés y menor calidad de vida.

 Los suburbios se han proliferado como hormigas en las afueras de la ciudad, cada vez se ofertan casas más grandes, que exigen mayor consumo de recursos y el uso del coche es esencial; es más, con las grandes distancias, con el valor elevado del transporte público y con la deficiencia del mismo, es imposible vivir sin un coche.

Las pequeñas tiendas locales han sido desplazadas por gigantescos almacenes donde los empleados son solamente una X más en la ecuación de producción.

La bicicleta proclama todo lo contrario, es lo ínfimo, la sencillez el minimalismo y la optimización de todo lo material que ya tenemos en nuestras vidas.

 Amo los ciclistas urbanos que se deslizan por las grandes ciudades en dos ruedas, entre taxis y coches, haciendo sonar sus timbres, mientras  los conductores que esperan impacientemente a que el tráfico avance, derrumbados por la impotencia de estar estancados en sus vehículos sin poder avanzar ni un metro, hacen gestos y maldicen a los mil vientos.

Tengo todavía en mi cabeza las imágenes de Ámsterdam, de esa ciudad que late y que vive a un ritmo acelerado, donde todo el mundo se mueve en bicicletas; hombres de negocios en sus trajes, madres que llevan a sus hijos a la escuela, ancianos, estudiantes, etc.

 En otras ciudades del mundo se ha implementado los servicios de bicicletas públicas, donde se monta en una estación determinada y luego se deja la bicicleta en otra estación, pagando una cantidad simbólica.

En Toronto, pagando un coche estándar al mes, más el seguro, mantenimiento, combustible y parqueo no cuesta menos de $800 al mes, $9,600 al año, sumado el estrés y la falta de actividad física. No hace falta ser un genio en matemáticas, para darse cuenta que la perdida es más que notable.

Espero que Toronto algún día se transforme en lo que es Ámsterdam, Copenhague o Berlín, o al menos que las personas entiendan que no cuesta nada salir a dar una vuelta en la cuadra y dejar el coche aparcado.

No estoy pidiendo ser un ciclista extremo, uno de esos que juega su vida cruzando coches y tranvías, solo pido que un domingo de verano se venza el tedio y la rutina del coche, que se suba a una bicicleta y verán que otro mundo es posible, un mundo más tranquilo y lento, pero, que al mismo tiempo se mueve, al ritmo que nosotros mismos deseamos".


Toronto, 17 de enero, 2013

jueves, 10 de enero de 2013

La Parsimonia De Un Simple Adiós


"La puerta esta entre abierta, una breve ranura me permite ver adentro de la habitación y todo es caos; libros desparramados, hojas color amarillo atiborradas de letras con una caligrafía inconclusa. Puedo ver un diccionario francés-español y una guía de viajes de Francia, mas específicamente de Paris.

Tengo ganas de entrar a la habitación, pero, me abstengo, en un intento claro por no encontrar algo que no deseo. Deje la puerta tal y como estaba, entreabierta y me voy a la cocina a preparar un café.
Preparo el café en la vieja cafetera italiana y me entretengo viendo por la ventana.

El paisaje que tengo afuera no es el más alentador, una densa neblina reina en el ambiente y es más que evidente que en un par de minutos comenzará a llover.
Es esa lluvia fina que cae tan delineada, que parece que no moja, pero, después de un par de minutos empapa todas las superficies.

Detesto la lluvia, me deprime y me ata a quedarme en casa.
La cafetera tararea un sonido en la estufa, el café esta listo. Me sirvo la bebida en una taza, que es un suvenir de un viaje que hicimos juntos a Londres el verano pasado y me voy a la sala.
No enciendo la televisión, de antemano se que no encontraré nada que ver, pasa igual con la computadora portátil y solamente me quedo quieto observando una replica de un Miró que cuelga en una de las paredes de la sala.

El café me sabe a gloria y calienta mis huesos, que están tan necesitados de calor. En eso escucho el timbre una y otra vez, y no atiendo la puerta. Me da igual quien esta llamando a la puerta, se muy bien que no puede ser ella, lo siento adentro de mi ser.
Sigo enfocado en el Miró, mientras le doy sorbos a mi café, que poco a poco se va extinguiendo.

En eso, no aguanto más y vuelvo a la habitación. Me asomo por la ranura de la puerta y me vuelvo a encontrar con los mismos elementos. La curiosidad se acrecienta y no puedo resistir al impulso de abrir la puerta de una vez por todas de par en par y profanar aquella habitación, que de cierta manera, también me pertenece.
Entro en la habitación y otro espacio aparece delante de mis ojos; todavía huele a vino barato, a sexo y a tabaco.

La cama es una especie de trinchera, las sabanas forman un embrollo y tres toallas todavía húmedas se suman a la causa. La cómoda que esta adherida a la pared, es una muestra evidente que se ha marchado, ha recogido su ropa y se ha largado, quizás para siempre, quizás no.
En la mesita de noche que esta al lado de la cama hay una copa vacía y un cenicero repleto de cenizas que han pasado a mejor vida.

Me siento al final de la cama, para intentar organizar el rompe cabezas. ¿Adonde se abra ido? ¿Quizás Paris o Nueva York? o ¿Estará en algún pueblo del sur? Con ella nunca se sabe, todo es posible; En el mundo que hay adentro de su cabeza lo racional es un asunto aparte.

Aunque en un momento quise que se fuera, que se largara de mi lado y que me dejase en paz de una vez por todas, ahora que estoy en esta habitación contemplando lo que un día fue, tratando de reconstruir las piezas rotas de mi vida, asumo que la necesito, como un junkie necesita su heroína o como el cielo necesita la luna y el sol.
No sé que hacer, no lo quería aceptar, pero estoy perdido sin su presencia, sin sus arrebatos del humor, sin sus gritos y finalmente sin sus caricias que a veces se transforman en ráfagas de fuego.

También se ha dejado el móvil; lo encuentro tirado en el suelo, casi debajo de unas bragas color negro. Lo recojo de donde descansa y trato de encenderlo, pero, no hay carga y encontrar el cargador en aquel caos es una misión imposible.
 Llego a la conclusión que es imposible que se halla largado así por así, sin decir absolutamente nada. Debe de haber un rastro, una nota, una pista que me haga llegar a ella o en el peor de los casos entender que ha pasado.

Sin embargo, no quiero indagar mas, dejaré que las cosas simplemente se den y se dejen guiar por su propio curso, aunque si no vuelve, me lo recriminaré para siempre.
Por lo pronto, regresaré a la sala y me quedaré contemplando como la lluvia cae a través de la ventana".

Toronto, 10 enero, 2013

lunes, 7 de enero de 2013

Que Siga la Fiesta en la Embajada


“No cabe duda de que cuando de fiesta se trata, nuestros representantes diplomáticos sobresalen.
En algunos casos, llegan a salirse de lo normal y las fiestas pueden terminar siendo absolutos frenesís.

La noticia de que en la embajada de Honduras en Colombia, se desarrolló una fiesta con prostitutas, que al final resulto siendo un grave error, ya que se extraviaron un par computadoras pertenecientes a la embajada, así como teléfonos celulares destinados a uso oficial y todo porque los organizadores de la fiesta (personal de la embajada) se negaron a pagarles a las chicas o a los travestis que contrataron para hacer de la fiesta una verdadera “celebración” de navidad.

 
La noticia le ha dado la vuelta al mundo, llegando hasta la BBC así como a algunos periódicos de España, por mencionar solamente algunos de los medios que difundieron la noticia.

Algunas fuentes dicen que se trataban de prostitutas otras que se trataban de travestis, aunque el episodio no es nada claro.

La embajada de Honduras intentó mantener el asunto debajo de la mesa, pero, al final resultó imposible y el escándalo saltó a la luz pública; terminando con la sustitución del embajador y el nombramiento de una comisión para investigar los hechos.

 
Debo aclarar que no tengo absolutamente nada en contra de las fiestas o de las preferencias exóticas de algunos, me da igual lo que cada quien haga con su vida, pero, me indigna que estos bacanales sean financiados con el dinero que dejan el pago de los impuestos de los hondureños, que a duras penas subsisten viviendo en un ambiente de zozobra y de miedo, mientras nuestros "representantes" internacionales la pasan de las “mil maravillas”.

 
Las afectadas (os) (todavía no se sabe si al final fueron prostitutas o travestis los contratados) fueron víctimas de los organizadores de la fiesta al no recibir sus honorarios y se decidieron por darles un escarmiento, defecando y orinando en las finas alfombras de la embajada. Dejando el lugar pestilente y en un completo caos.

 
Creo que ya tenemos una alicaída reputación a nivel internacional; golpes de estado, inseguridad ciudadana, pobreza y otros adjetivos que se nos han puesto. Por si no fuera poco, ahora somos reconocidos por las fiestas que montan nuestros diplomáticos en el exterior.

A todo esto se suma las irregularidades en el proceso electoral que se llevó a cabo en noviembre y que terminó con la destitución de algunos miembros de la corte suprema de justicia, orquestada por el candidato a presidente Juan Orlando Hernández y el cual al parecer está obsesionado con el poder y que es capaz de todo con tal de llegar a la presidencia del país.

 
Por todos es sabido que varios diplomáticos no hacen absolutamente nada trabajando en el exterior, son colocados por otras personas valiéndose de los lazos de amistad o el pago de favores.

Imagínense cuánto cuesta mantener una embajada en Paris o Londres y no son dos o tres “gatos” que "trabajan" en pro de fortalecer las relaciones diplomáticas, sino que son varias personas, que literalmente no hacen absolutamente nada, solamente devengar un jugoso salario y vivir como reyes.

 
Otro ejemplo es el caso de Lizzy Flores, hija del expresidente Carlos Flores Facussé y que desde el golpe de estado fue asignada a representar Honduras ante las Naciones Unidas en Nueva York, donde actualmente reside y al mismo tiempo lanzaba su candidatura a diputada.

No creo que sea lógico que alguien que ni tan siquiera resida en el país busque un cargo popular, tan importante como es ser parte del congreso de la república, ante tal hecho varios la bautizaron como la “candidata a control remoto”.

Así es nuestro país, manejado por ineptos que solo hacen caso a sus intereses personales y que no les importa un comino el bienestar común.

 
Para muestra un botón y me refiero ahora a Romeo Vásquez Velásquez, ex jefe de las fuerzas armadas y ejecutor directo del golpe de estado en junio del 2009. Después del golpe de estado fue premiado y fue nombrado como gerente general de la empresa nacional de telecomunicaciones HONDUTEL. Así que de dirigir batallones pasó a dirigir una de las empresas más importantes del país y la cual ahora se encuentra prácticamente en las ruinas.

 
No sé mucho sobre el ex jefe de las fuerzas armadas, pero, no creo que sea un genio en finanzas o en administración de empresas y marketing.
En fin regresando a la dichosa fiesta en la embajada; este hecho solamente corrobora que la corrupción y la falta de valores son los que verdaderamente gobiernan en nuestra nación y en las representaciones diplomáticas afuera de la misma.

 No quiero sonar como un puritano, repito que me da igual lo que haga cada quien con su vida personal o sus preferencias sexuales, pero, me parece inaudito que se usen los espacios asignados para una embajada o en el peor de los casos el dinero del estado para financiar las parrandas de borrachos ya sea en el país o en el exterior.

Sin embargo, ya sabemos qué pasará con el asunto, en un par de días terminará en el frío olvido y los implicados en el bochornoso acto serán asignados a otra delegación diplomática, donde podrán seguir con sus vidas rodeadas de lujos, de banquetes y de parrandas.

Nos quedaremos con la imagen de que en Honduras si sabemos organizar fiestas, mientras el país se cae a pedazos”.

 

Toronto, 6 de enero 2013

 

lunes, 17 de diciembre de 2012

Mas Franch


 
 
 
 
El verano del 2009 ha sido quizás el verano más significativo en mi vida y la culpa la tuvo una maravillosa aventura llamada Mas Franch.

 Cuando vivía en Honduras escuchaba hablar del verano en alguna película y no entendía a que se referían o el porqué de tanta importancia.

En Centroamérica siempre es verano, no entendemos ese concepto de cambio de estación, a no ser por algún frente de frío, huracán o tormenta tropical que nos saca de la rutina por un par de semanas, pero, luego todo regresa a la normalidad y el sol reina nuevamente en el cielo.

El caso es que mi primer invierno fue toda una experiencia y todavía está presente en mí, el frio en el piso en Castellón de la Plana; hacia más frío adentro que afuera. Recuerdo cuando salía el sol y aprovechaba para sentarme en alguna banca de las tantas plazas a calentarme un poco. Puedo asegurar que he pasado más frío en España que en Canadá, donde todo cuenta con calefacción e insolación apropiada.

Ese 2009 cuando llegó la primavera, fue el día más feliz de mi vida y me contagié de los olores frescos de la misma. Sin embargo, era el momento para tomar decisiones.

Si no fuera por la escasez de dinero, puedo asegurar que la vida de estudiante es la mejor de todas. Pero, no todo puede ser perfecto y los recursos en los dos años en que vivimos en España lograron resistir hasta el final de nuestras aventuras gracias a la creatividad y al ingenio.

Llegamos a España justo en el momento es que la crisis económica había explotado y no fue nada fácil.

También estábamos en nuestro primer año de casados, lejos de nuestras familias y en mi caso particular, experimentado por primera vez lo que es vivir en otro país.

Shoshannah ya tenía experiencia de sobra; es más, es un caso formidable de multiculturalismo: madre canadiense, padre estadunidense y nacida por esas cosas del destino en Honduras. Luego sus pasos se trasladan a Canadá, los Estados Unidos, Australia, viajes por Asia y Centroamérica, hasta regresar a Honduras, el país en que nació.

Para mí, era todo lo contrario, siempre soñé con viajar, con conocer otras culturas, otros idiomas, pero, mi experiencia internacional se limitaba a un par de viajes por Centroamérica, nada del otro mundo.

Hay en Honduras un dicho muy popular -No es lo mismo verla venir a hablar con ella-. Y así me pasó a mí.

Llegué a España siendo un ser inseguro de mí mismo, todavía con varios prejuicios, resistiéndome a los cambios y cabeza dura, aunque pensaba que era todo un cosmopolita. Lo cual resultó ser una absoluta mentira.

Creo que si superamos esos primeros meses con Shoshannah en España, podemos superar cualquier situación, aunque a veces me pongo necio y testarudo.

El proceso de adaptación fue sumamente difícil y por varios meses me encerré en mí mismo y la cosa no fue para nada bien.

Sumado a esto el primer invierno, la ausencia de los amigos y de la familia, el ambiente hostil debido a la crisis económica y el estar viviendo en un mundo tan distinto al que estaba acostumbrado, al final todo esto terminó cobrando la debida factura, dejando amargura y esos putos arrebatos del humor que siempre me persiguen.

El invierno terminó y la primavera fue tan corta, las noticias no daban buenos augurios para España y todo el país caminaba con el fantasma de la crisis en sus espaldas.

Shoshannah pudo conseguir un trabajo con la empresa con la que trabajaba en los veranos en Canadá y los Estados Unidos. Es una empresa que hace tours en bicicleta a nivel mundial.

Iba a estar trabajando en Francia y Holanda, y yo no tenía la intención de quedarme en Castellón, un pueblo desierto en el verano.

Con el impulso de Shoshannah empecé a buscar trabajos de verano. No era el momento para aquello, el factor crisis sumado al hecho de ser un inmigrante, me hizo imposible encontrar un empleo.

Entonces, recordamos una charla con un amigo, que había hecho un Woofing en Catalunya.

Woofing es una organización internacional, que se encuentra diseminada por todo el mundo. Es una manera para conocer otras culturas a cambio de trabajar voluntariamente en proyectos que pueden ir desde huertas orgánicas, proyectos de permacultura y bio-construcción, todo haciendo referencia al medio ambiente, pero, teniendo como punto de partida los valores sociales y sostenibles.

Apliqué a un par de sitios, en Francia y Catalunya, buscando estar cerca de Shoshannah.

En dos días me contestaron diciéndome que me aceptaban por el tiempo que quería en un proyecto llamado Mas Franch. Le di un vistazo al sitio web de la organización. Siendo honesto no tenía conocimiento alguno de permacultura, bio-construcción o de huertas. Pero, era el momento de arriesgarse y de hacer algo diferente.

El verano llegó con todo su esplendor y no quedó de otra que tomar el tren.

Viajamos juntos de Castellón a Barcelona y nos despedimos en la estación de Sants. Shoshannah seguiría hacia Francia y yo me quedaba a unos cuantos kilómetros de Barcelona, para ser más específico en las afueras de un pueblito de algunos dos mil habitantes, llamado San Feliu de Pallarols, enclavado en el corazón de la comarca de la Garrocha. Un lugar sencillamente de ensueño, de esos que se miran en las películas medievales.

Me perdí por dos horas buscando el lugar, caminé por caminos de herraduras, con mi mochila a hombros y un sentido de ubicación que había fallado por completo.

El sol poco a poco se iba escondiendo y el miedo que ya sentía empezó a acrecentarse, hasta que los focos de una furgoneta me alumbraron la cara y escuché que alguien mencionaba mi nombre.

Se trataba de Gusy, un voluntario del proyecto que venía en mi búsqueda, asumiendo por la demora que me había perdido. Me dijo que no era el primero y que no sería el último en perderme con una sonrisa picaresca.

Me subí en la furgoneta y me sentí estúpido, porque estaba tan cerca del lugar. Diez minutos en coche bastaron para llegar a donde tenía que llegar.

Me recibió Erika, la pareja de Gusy y al igual que Shoshannah todo un mapamundi cultural; mejicana por nacimiento, con madre canadiense con descendencia irlandesa- italiana y padre peruano.

Me explicó el funcionamiento de la organización, que es un colectivo social, una cooperativa que busca ser un agente de cambio en la comunidad, llevando a cabo numerosos proyectos, teniendo como principal objetivo el respeto por el medio ambiente, la diversidad cultural y las ideas.

Me moría del hambre después de caminar por dos horas y al parecer había llegado justo a la hora de la cena. Ahí conocí a Juan, todo un personaje, actor de teatro que había dejado su carrera en Argentina para encontrarse a sí mismo y había terminado en el Mas Franch. Me preguntó que sabía hacer a lo que contesté con la verdad y un poco de pena -no mucho-. Y Juan me contestó - tranquilo, estas en el lugar indicado, dándome una mirada de complicidad. A la cena se sumaron Thomas, un chico belga y Silvia una chica suiza, ambos voluntarios.

Desde pequeño la inseguridad ha sido una constante en mi persona, hasta el día de hoy, con más experiencias de vida, siempre hay momentos donde me siento intimidado y con muchos miedos.

Ha sido un gran reto dejar todos los miedos atrás, principalmente el miedo de hacer mal las cosas y de defraudar a los que confían en mí.

En aquel momento estaba aterrorizado, sin saber a qué me enfrentaría y todos los sueños de aventura que desde niño había tenido, estaban resultando ser toda una pesadilla (no es lo mismo verla venir que hablar con ella). En la cena me hicieron varias preguntas y sencillamente no estaba acostumbrado a compartir con gente tan diversa, y quería sonar inteligente, coherente e interesante. Todo debido a la dichosa inseguridad.

Luego, me di cuenta que en el Mas Franch no importaba lo inteligente, lo coherente y lo interesante, todo lo contrario, era el espacio perfecto para ser quien verdaderamente se es, sin mascaras ni ataduras.

Me quedé más de un mes en el Mas Franch, trabajando en bio-construcción, ayudando en la cocina, aprendiendo sobre permacultura y lo más importante de todo, siendo yo mismo, con mis miedos y mis inseguridades por fin expuestas.

Compartí con gente que me cambió para siempre, gente a la cual siempre le guardaré un enorme respeto, por haber dejado todo atrás por entregarse a lo que aman.

Salí del Mas Franch lleno de experiencias nuevas con destino a Holanda para encontrarme con Shoshannah y para hacer un viaje en bicicleta, del cual algún día escribiré.

Pasé el mejor de los momentos en aquella Masía del siglo XVIII y me fui con la convicción de que regresaría y así fue, el siguiente verano regresé al Mas Franch y al igual que antes, encontré personas sensacionales, que me marcaron y que me enseñaron a seguir soñando sin importar que muy a menudo el mundo material nos amarre a lo superficial.

Ahora que me encuentro viviendo en un mundo tan dado y sirviendo intereses ajenos, me escapo y vuelvo a aquellos días del sol en la Garrocha.

Sé muy bien que esta vida que estoy llevando no durará para siempre, sé muy bien que tengo que recuperar los sueños y luchar por ellos, tal y como me lo enseñaron en el Mas Franch.

Desde aquel verano del 2009 mi vida no volvió a ser la misma y doy gracias por ello.

De aquella experiencia, me quedó un grupo de amigos que deambulan por los rincones de este mundo y un cúmulo de historias que algún día terminarán siendo una novela.
 
Toronto, 17 de diciembre

lunes, 10 de diciembre de 2012

Una Semana Después



Después de la tormenta viene la calma, dicen por ahí y creo que así es.
En mi última columna peque de melancólico y me ate a los azares del negativismo.
Escribir sobre Honduras, es como poner vinagres en las heridas y calmar el ardor de las mismas tarda mucho tiempo.
Lo cierto es que ha pasado una semana desde que escribí la última columna y al parecer el frío de Toronto ha hecho que mi cabeza se enfríe, aunque por adentro de mis entrañas las emociones siguen circulando a grandes raudales.
Este último viaje como era de esperar trajo muchas reflexiones, quizás mas reflexiones de lo habitual, y me ha resultado muy difícil poner cada una de esas reflexiones en un orden aleatorio, para ir poco a poco encontrando respuestas.

Antes que nada quiero dar gracias a Shoshannah, esa compañera que me ha puesto la vida; es la roca que me da fortaleza y ese manto que seca mis lágrimas. Ella sufre quizás más que yo, cuando la melancolía y la tristeza invaden mis existencias. Especialmente cuando se esta lejos de la familia y de los amigos.

Después de dejar el aeropuerto Toncotin en Tegucigalpa todo cambió. Mientras observaba a través de la ventana del avión y a la lejanía el rosario de casas que componen Tegucigalpa, se formó un nudo en mi garganta; sabia muy bien que como siempre pasa cuando viajo a Honduras, que estaba dejando un pedazo de vida atrás.
 Fue justamente, en el instante en que el avión hizo un movimiento curvo y los cerros que rodean la ciudad se fueron alejando de mi retina, no pude más y empecé a llorar.
Shoshannah se percató de aquello y solidariamente empezó a llorar conmigo, y sin decir nada ambos nos despedimos del país que nos vio nacer.
Luego la aeronave alcanzó una gran altura, dejando en el olvido cualquier indicio geográfico y solamente tuve enfrente de mis ojos nubes aterciopeladas y esa sensación de flotar en el vacío.


Hicimos una larga escala en Atlanta y mi alegría había quedado atrás; con los rostros de mi gente, con los niños que juegan entre los infinitos basurales, con la mirada tierna de mi madre, con las risas de mis amigos, con el positivismo de algunos que todavía se aferran a creer que un cambio esta por venir y desde luego, con la infinita belleza de un país que todavía late y que se resiste a morir.

Aterrizamos en Toronto a las doce y diez de la mañana. El cansancio se unió a la desazón y a la tristeza, y ni hablar de los menos siete grados centígrados que nos recibieron al salir del aeropuerto.
Llegando a casa, todo me pareció tan diferente, tan nuevo y tan finamente diseñado.
 Estaba en el cuarto de baño preparándome para lavarme los dientes cuando sin esperarlo empecé a llorar. Me hundí en un profundo llanto, como llora un niño cuando ha perdido lo que mas quiere.

Entonces, empecé a sentir un sentimiento de culpa por tener lo que tengo, por vivir con las comodidades con las que vivo y me empecé a auto criticar el porqué de tantas cosas que me rodean o por qué yo tengo lo que tengo y otros no tienen absolutamente nada, pero, no todo se trataba acerca de cosas materiales, que a la larga no importan nada, sino que entraban en la lista preceptos demasiado abstractos, que serian imposibles de explicar.
En síntesis, fue un fin de semana largo, frío y duro. Ni mi corrida de los fines de semana me pudo tranquilizar y la serenidad que necesito para enfocarme en mis proyectos tardó en llegar. 

Es extraño, siempre he tenido la facilidad de adecuarme a nuevos lugares. Creo que es debido a que desde que tenia cuatro años he andado saltando de lugar en lugar, desde que nos movimos de Tela a Comayagua, luego a Tegucigalpa, después a Siguatepeque, sin pasar por alto las vacaciones que pasé trabajando con mi tío Juan en San Pedro y luego el regreso a Tegucigalpa, para terminar exiliándome en Siguatepeque a pedido propio y haciéndole caso a mi alma que en aquel entonces andaba en las penumbras.
Luego vino el salto internacional, Europa, España, las estaciones de tren, los aeropuertos de madrugada y el silencio de los pensiones de paso.
Después le llegó el momento a Canadá y ahora son los regresos a Honduras.
Me he sobre puestos a todos los cambios, algunos dirían que asombrosamente, incluso me he sabido adaptar al temible invierno canadiense, a otro idioma y a otras normas, pero, este último regreso a Honduras me ha dejado alicaído y con un montón de pensamientos dando vuelta en la cabeza.

El caso es que ahora se trata de dos y no de uno solo, Shoshannah es la que sufre estos arrebatos del humor y una vez más, tal y como suele suceder me ha hecho ver que me ama al aguantar mis polaridades y compartir mis tristezas.
Me pasé el fin de semana refunfuñando y pensando en todo lo que había tenido enfrente en mi viaje a casa; las caras de los sucios políticos, la miseria, el hambre y todas las cosas que me entristecen y que por completo me hicieron olvidarme de las cosas positivas, llevándome a encerrarme en un círculo oscuro.
Ha pasado más de una semana desde que regresé a Toronto y parece que ya estoy nuevamente en el engranaje, empezando el invierno y retomando proyectos que se estaban quedando atrás.

Otro año esta por terminar, cuando todavía tenemos la sensación que apenas acaba de empezar.
Si algo he aprendido en estos 32 años de existencia, es que la vida es una caja de pandora, llena de sorpresas, de momentos alegres y de amargos, de pruebas y vicisitudes.
Pero, al final siempre esta la luz al final del túnel y no queda mas remedio que reinventarse e intentar de nuevo.

Creo que no somos nada sin nuestros sueños, aunque muy a menudo tarden en aparecer y aunque a veces pensemos que nunca llegarán, pero hay que seguir creyendo en este dogma de vida; que todo llega a su tiempo.
La tristeza de la columna que escribí una semana atrás poco a poco esta quedando atrás y aunque el cielo este gris y el invierno halla borrado el verdor, todavía se vale soñar y de vez en vez poner una sonrisa en la cara y apreciar de que todo no esta perdido.


A todos los que leen este blog, a Shoshannah mi infinito apoyo, a mi familia en  Honduras y a mis amigos que me han enseñado el camino.

Toronto, 10 de diciembre.