“Desde que era niño tenía claro que quería ser escritor. Aunque también quise ser bombero, futbolista profesional y en el peor de los casos bailarín.
Todavía recuerdo mis coreografías cuando tenía seis años, bailando canciones de Miguel Bosé para mi madre y mis hermanas, pero, el baile nunca se me dio, al igual que la carrera de apaga fuegos o la de futbolista profesional, entre otras cosas que quise ser.
Con el transcurso de los años varias inquietudes han venido apareciendo y he ido descubriendo otros mundos. Las he hecho desde maestro, hasta trabajador social, pasando un tiempo en una cocina comunitaria, para luego proseguir en el mundo de las traducciones e interpretaciones, y ahora me las veo sentado en una oficina demasiada pulcra para mi gusto por ochos horas al día enfrente de la computadora.
Cuando he estado desarrollando diversas tareas y a pesar de haber tenido momentos de flaqueza, de dudas y de frustración, siempre he tenido claro que las letras y los libros son mi verdadera vocación, y que todo lo que estoy haciendo es exclusivamente para pagar las cuentas y por si se quiere ver de esta manera: para ganar experiencias, porque en esta vida hay que saber de todo un poco, no hay duda de eso y muy a menudo la actitud y el positivismo abren muchas puertas.
Mi apego a la imaginación viene desde que era muy pequeño.
Yo fui uno de esos niños que crecen solos, así que tuve que ingeniármelas para entretenerme por mi propia cuenta; inventé personajes imaginarios y le di vida a mis fantasías para apalear mis soledades.
En la adolescencia desalmada empecé a escribir mis primeros poemas para vengarme de todo lo que odiaba en aquellos entonces (por cierto odiaba muchas cosas) A los veinte, empecé a escribir mis primeros cuentos, a los veinticinco terminé mi primer remedo de novela y que me libró de un desamor y de una profunda depresión.
A los treinta terminé lo que puedo catalogar como mi primera novela “decente”, que me hizo hacer muchas paces con mi pasado y entender mi presente.
Con mis treinta y tres recién salidos del horno, estoy metido en una nueva aventura, en un nuevo relato y tal como suele suceder; me encuentro emocionado, como un padre primerizo. Aunque llegarán momentos de frustración, de esa fuga inspirativa y de un ciclo repetitivo de hilos conductores, que estarán cerca de volverme loco, pero, que al final terminarán encontrando los ejes centrales.
La carrera de escritor puede ser la más fantástica y a su misma vez la más injusta, no hay un punto medio entre la realidad y la ficción y casi nunca se reciben frases como las de “buen trabajo” o “me gusta lo que escribes”.
La diferencia de ser un escritor a ser un pintor, es que los libros son más intangibles (el menos hasta que no se hallan publicado) en cambio un pintor pinta un cuadro o un caricaturista dibuja una caricatura y la prueba está ahí, visible ante el mundo, en cambio las letras, es otra historia, se tienen que cristalizar en un formato y el proceso nunca puede llegar.
No me gusta hablar de escritores buenos o malos, o de pintores buenos o malos, creo que el solo hecho de crear algo merece respeto, pero, para que un libro vea la luz, es un camino de espinas, todo un proceso que puede durar años y años, incluso décadas y el lector puedo decidir en cinco minutos con una soberanía eterna que lo que está leyendo y lo que ha llevado años para salir a luz pública, simplemente no sirve y ahí quedan los libros olvidados en algún armario.
Hay millones de escritores anónimos que nunca verán la luz al final del túnel y sus escritos se quedarán en la frialdad de algún disco duro o impresos en algún triste papel, sin nunca ser leídos. Eso me parece tan triste e injusto, quizás inhumano; otros se quedarán en el camino y abandonaran las letras para siempre, abatidos por la frustración de no poder publicar (espero no ser uno de ellos) otros simplemente seguirán escribiendo, porque escribir es la perfecta salida de los mundos vacíos en que vivimos.
Entre tanto y tanto este blog me mantiene respirando, consigo apalear emociones y seguir a flote.
Consecuentemente, la pregunta del millón no tarda en llegar ¿conseguiré publicar algún día? La pregunta está en el aire y solo el tiempo tendrá la respuesta.
Creo que no puedo vivir sin escribir, es un reclamo del alma, pero, como todo escritor, mi ilusión es ser leído y poder tocar un libro parido por mi imaginación. Creo que ese sería el cenit de mis anhelos e ilusiones.
Me alegra de sobremanera porque Latinoamérica está pariendo una nueva era de escritores jóvenes, que poco a poco están andando por el camino labrado por los precursores del boom, llámense García Marques, Cortázar o Vargas Llosa.
Una nueva era de escritores está naciendo y se han despojado de tantos preceptos dados y están encontrando nuevos estilos.
Ya no se tiene aquella idea que la literatura es asunto para viejos con enormes gafas y con abundantes barbas.
Ahora, la nueva camada se reúne en cafés contemporáneos, hablan de tecnología, de comida orgánica, son más conscientes de lo que consumen, del medio ambiente, aprenden idiomas, viajan por el mundo, se opina sobre los cambios socio-políticos, de igualdad de géneros y del derecho a poder casarse con el sexo que sea, en síntesis; se está más abierto a los cambios que las sociedades están experimentando.
Pero, a pesar de la revolución de las telecomunicaciones y del acceso a la información, siguen existiendo fronteras y prejuicios, que tienen que caer de una vez por todas.
Todos los creadores latinoamericanos a pesar de tener estilos narrativos diferentes, no nos podemos divorciar de la realidad y de las injusticias sociales, creo que por eso somos un género especial de literatura.
Personalmente, soy un ferviente admirador de la vanguardia y me gusta cuando lo tradicional rueda por un precipicio y aparece lo distinto, y creo a ciencia cierta que este es el momento de la literatura latinoamericana y el momento de reivindicar de una vez por todas nuestro idioma español, cada vez más hablado en todo el mundo.
Los escritores latinoamericanos nos estamos despojado de lo académico y hemos caído a la realidad que tenemos enfrente de nuestras narices, matizándola con ese exquisito surrealismo tan característico en nuestra cultura.
La semana pasada recibí un cuento de un buen amigo de Honduras, que al igual que yo tiene ese gusanito literario haciendo eco en su mente y después de leer el cuento, comprobé lo que siempre he sabido; hay una nueva vertiente creativa en Honduras y en toda Latinoamérica, una vertiente que llega a enamorar y que deja un buen sabor de boca. También, que se despoja de paradigmas y que tiene un tinte alternativo.
Semanas atrás navegando en internet me encontré el blog de Fabricio Estrada (Bitácora del Párvulo) poeta, intelectual y fotógrafo hondureño, llevándome una agradable sorpresa.
Fabricio, al que desafortunadamente no he tenido el placer de conocer en persona, hace un despliegue de sentido común en su blog y ni hablar de las fotos que tocan el alma de cualquiera.
No solo se trata de literatura; nuevas tendencias musicales estan apareciendo, el cine se atreve a explorar otros terrenos y el diseño gráfico está llegando a otros niveles.
Creo que la necesidad nos hace tener un espiritu de sobrevivivencia y desarrollar la creatividad de una manera singular, muy a nuestro estilo, teniendo por banderas la espontaneidad y el valor de querer contar al mundo tantas verdades e injusticias.
Para terminar, quiero proclamar el derecho irreverente que todos los seres humanos tenemos para soñar y ¿quién sabe? espero algún día poder dedicarme exclusivamente a lo que amo de verdad: a escribir y a soñar con otras fantasías, pero, siempre partiendo de la realidad en que me tocó nacer y comprometido con luchar por un futuro más prometedor”.
Toronto, 29 enero 2013
vicerin@gmail.com
miércoles, 30 de enero de 2013
jueves, 17 de enero de 2013
Arriba la Bici
"Sin duda alguna cada vez más personas están usando la bicicleta en las grandes ciudades. Creo que al final, el mundo se está dando cuenta que tenemos que cambiar nuestros estilos de vida y ser más activos.
En Toronto, la cultura de la bicicleta ha crecido notablemente y a pesar
del duro invierno, muchas personas usan las bicis para llegar a sus trabajos,
dejando los coches aparcados en las casas.
En el verano varias calles de la ciudad están repletas de bicicletas, a pesar
de este fenómeno el ayuntamiento de la ciudad está quitando algunos carriles de
bicicletas, para expandir las carreteras.
Desafortunadamente, en Toronto es otra historia al igual que otras
ciudades norteamericanas, el coche es más que un medio de transporte, es parte
de la cultura y símbolo de orgullo.
También está el elemento de que las grandes compañías que fabrican
coches han vendido la imagen del poder y de la comodidad que estos representan, dejando al transporte público relegado.
Ni hablar de la salud, no se camina ni para llegar al café que está
cruzando la calle y los casos de obesidad se han disparado de una manera dramática.
Las ciudades norteamericanas han sido concebidas pensando en los coches y en la
"comodidad". Se maneja a todos lados y para todo. Pero, he percibido
que poco a poco la mentalidad está cambiando, especialmente en las grandes
ciudades, donde lo cosmopolita se está anteponiendo a la tradición.
Las autoridades construyen más autopistas o expanden las ya existentes
para hacer el tráfico más fluido, pero, nada está funcionando, cada vez el tráfico
es más ensordecedor y las personas pasan más tiempo sentados en sus coches que
siendo activos y se está pasando la factura; más enfermedades, trastornos
mentales, estrés y menor calidad de vida.
Las pequeñas tiendas locales han sido desplazadas por gigantescos
almacenes donde los empleados son solamente una X más en la ecuación de producción.
La bicicleta proclama todo lo contrario, es lo ínfimo, la sencillez el
minimalismo y la optimización de todo lo material que ya tenemos en nuestras
vidas.
Tengo todavía en mi cabeza las imágenes de Ámsterdam, de esa ciudad que
late y que vive a un ritmo acelerado, donde todo el mundo se mueve en
bicicletas; hombres de negocios en sus trajes, madres que llevan a sus hijos a
la escuela, ancianos, estudiantes, etc.
En Toronto, pagando un coche estándar al mes, más el seguro, mantenimiento,
combustible y parqueo no cuesta menos de $800 al mes, $9,600 al año, sumado el
estrés y la falta de actividad física. No hace falta ser un genio en
matemáticas, para darse cuenta que la perdida es más que notable.
No estoy pidiendo ser un ciclista extremo, uno de esos que juega su vida
cruzando coches y tranvías, solo pido que un domingo de verano se venza el
tedio y la rutina del coche, que se suba a una bicicleta y verán que otro mundo
es posible, un mundo más tranquilo y lento, pero, que al mismo tiempo se mueve,
al ritmo que nosotros mismos deseamos".
Toronto, 17 de enero, 2013
jueves, 10 de enero de 2013
La Parsimonia De Un Simple Adiós
"La puerta
esta entre abierta, una breve ranura me permite ver adentro de la
habitación y todo es caos; libros desparramados, hojas color amarillo
atiborradas de letras con una caligrafía inconclusa. Puedo ver un diccionario
francés-español y una guía de viajes de Francia, mas específicamente de Paris.
Tengo ganas de
entrar a la habitación, pero, me abstengo, en un intento claro por no encontrar
algo que no deseo. Deje la puerta tal y como estaba, entreabierta y me voy a la
cocina a preparar un café.
Preparo el
café en la vieja cafetera italiana y me entretengo viendo por la ventana.
El paisaje que
tengo afuera no es el más alentador, una densa neblina reina en el ambiente y
es más que evidente que en un par de minutos comenzará a llover.
Es esa lluvia fina
que cae tan delineada, que parece que no moja, pero, después de un par de
minutos empapa todas las superficies.
Detesto la lluvia,
me deprime y me ata a quedarme en casa.
La cafetera tararea
un sonido en la estufa, el café esta listo. Me sirvo la bebida en una taza,
que es un suvenir de un viaje que hicimos juntos a Londres el verano
pasado y me voy a la sala.
No enciendo la televisión,
de antemano se que no encontraré nada que ver, pasa igual con la computadora
portátil y solamente me quedo quieto observando una replica de un Miró que
cuelga en una de las paredes de la sala.
El café me sabe a
gloria y calienta mis huesos, que están tan necesitados de calor. En eso
escucho el timbre una y otra vez, y no atiendo la puerta. Me da igual quien
esta llamando a la puerta, se muy bien que no puede ser ella, lo siento adentro
de mi ser.
Sigo enfocado en el
Miró, mientras le doy sorbos a mi café, que poco a poco se va extinguiendo.
En eso, no aguanto
más y vuelvo a la habitación. Me asomo por la ranura de la puerta y me vuelvo a
encontrar con los mismos elementos. La curiosidad se acrecienta y no puedo resistir
al impulso de abrir la puerta de una vez por todas de par en par y profanar
aquella habitación, que de cierta manera, también me pertenece.
Entro en la habitación
y otro espacio aparece delante de mis ojos; todavía huele a vino barato, a sexo
y a tabaco.
La cama es una
especie de trinchera, las sabanas forman un embrollo y tres toallas todavía
húmedas se suman a la causa. La cómoda que esta adherida a la pared, es una
muestra evidente que se ha marchado, ha recogido su ropa y se ha largado,
quizás para siempre, quizás no.
En la mesita de
noche que esta al lado de la cama hay una copa vacía y un cenicero repleto de
cenizas que han pasado a mejor vida.
Me siento al final
de la cama, para intentar organizar el rompe cabezas. ¿Adonde se abra ido? ¿Quizás
Paris o Nueva York? o ¿Estará en algún pueblo del sur? Con ella nunca se sabe,
todo es posible; En el mundo que hay adentro de su cabeza lo racional es un
asunto aparte.
Aunque en un
momento quise que se fuera, que se largara de mi lado y que me dejase
en paz de una vez por todas, ahora que estoy en esta habitación contemplando lo
que un día fue, tratando de reconstruir las piezas rotas de mi vida, asumo que
la necesito, como un junkie necesita su heroína o como el cielo necesita la
luna y el sol.
No sé que hacer, no
lo quería aceptar, pero estoy perdido sin su presencia, sin sus arrebatos del
humor, sin sus gritos y finalmente sin sus caricias que a veces se transforman
en ráfagas de fuego.
También se ha
dejado el móvil; lo encuentro tirado en el suelo, casi debajo de unas bragas
color negro. Lo recojo de donde descansa y trato de encenderlo, pero, no hay
carga y encontrar el cargador en aquel caos es una misión imposible.
Llego a la conclusión que es imposible que se
halla largado así por así, sin decir absolutamente nada. Debe de haber un
rastro, una nota, una pista que me haga llegar a ella o en el peor de los casos
entender que ha pasado.
Sin embargo, no
quiero indagar mas, dejaré que las cosas simplemente se den y se dejen guiar
por su propio curso, aunque si no vuelve, me lo recriminaré para siempre.
Por lo pronto,
regresaré a la sala y me quedaré contemplando como la lluvia cae a través de la
ventana".
Toronto, 10 enero, 2013
lunes, 7 de enero de 2013
Que Siga la Fiesta en la Embajada
“No cabe duda de que cuando de fiesta se trata, nuestros representantes diplomáticos
sobresalen.
En algunos casos, llegan a salirse de lo normal y las fiestas pueden
terminar siendo absolutos frenesís.
La noticia de que en la embajada de Honduras en Colombia, se desarrolló
una fiesta con prostitutas, que al final resulto siendo un grave error, ya que
se extraviaron un par computadoras pertenecientes a la embajada, así como teléfonos
celulares destinados a uso oficial y todo porque los organizadores de la fiesta
(personal de la embajada) se negaron a pagarles a las chicas o a los travestis
que contrataron para hacer de la fiesta una verdadera “celebración” de navidad.
Algunas fuentes dicen que se trataban de prostitutas otras que se
trataban de travestis, aunque el episodio no es nada claro.
La embajada de Honduras intentó mantener el asunto debajo de la mesa,
pero, al final resultó imposible y el escándalo saltó a la luz pública;
terminando con la sustitución del embajador y el nombramiento de una comisión
para investigar los hechos.
A todo esto se suma las irregularidades en el proceso electoral que se llevó
a cabo en noviembre y que terminó con la destitución de algunos miembros de la
corte suprema de justicia, orquestada por el candidato a presidente Juan
Orlando Hernández y el cual al parecer está obsesionado con el poder y que es
capaz de todo con tal de llegar a la presidencia del país.
Imagínense cuánto cuesta mantener una embajada en Paris o Londres y no
son dos o tres “gatos” que "trabajan" en pro de fortalecer las
relaciones diplomáticas, sino que son varias personas, que literalmente no
hacen absolutamente nada, solamente devengar un jugoso salario y vivir como
reyes.
No creo que sea lógico que alguien que ni tan siquiera resida en el país
busque un cargo popular, tan importante como es ser parte del congreso de la república,
ante tal hecho varios la bautizaron como la “candidata a control remoto”.
Así es nuestro país, manejado por ineptos que solo hacen caso a sus
intereses personales y que no les importa un comino el bienestar común.
En fin regresando a la dichosa fiesta en la embajada; este hecho solamente corrobora que la corrupción y la falta de valores son los que verdaderamente gobiernan en nuestra nación y en las representaciones diplomáticas afuera de la misma.
Sin embargo, ya sabemos qué pasará con el asunto, en un par de días
terminará en el frío olvido y los implicados en el bochornoso acto serán
asignados a otra delegación diplomática, donde podrán seguir con
sus vidas rodeadas de lujos, de banquetes y de parrandas.
Nos quedaremos con la imagen de que en Honduras si sabemos organizar
fiestas, mientras el país se cae a pedazos”.
Toronto, 6 de enero 2013
lunes, 17 de diciembre de 2012
Mas Franch
El verano del 2009 ha sido quizás el verano más significativo en mi vida
y la culpa la tuvo una maravillosa aventura llamada Mas Franch.
Cuando vivía en Honduras
escuchaba hablar del verano en alguna película y no entendía a que se referían
o el porqué de tanta importancia.
En Centroamérica siempre es verano, no entendemos ese concepto de cambio
de estación, a no ser por algún frente de frío, huracán o tormenta tropical que
nos saca de la rutina por un par de semanas, pero, luego todo regresa a la
normalidad y el sol reina nuevamente en el cielo.
El caso es que mi primer invierno fue toda una experiencia y todavía está
presente en mí, el frio en el piso en Castellón de la Plana; hacia más frío
adentro que afuera. Recuerdo cuando salía el sol y aprovechaba para sentarme en
alguna banca de las tantas plazas a calentarme un poco. Puedo asegurar que he
pasado más frío en España que en Canadá, donde todo cuenta con calefacción e
insolación apropiada.
Ese 2009 cuando llegó la primavera, fue el día más feliz de mi vida y me
contagié de los olores frescos de la misma. Sin embargo, era el momento para
tomar decisiones.
Si no fuera por la escasez de dinero, puedo asegurar que la vida de
estudiante es la mejor de todas. Pero, no todo puede ser perfecto y los
recursos en los dos años en que vivimos en España lograron resistir hasta el
final de nuestras aventuras gracias a la creatividad y al ingenio.
Llegamos a España justo en el momento es que la crisis económica había
explotado y no fue nada fácil.
También estábamos en nuestro primer año de casados, lejos de nuestras
familias y en mi caso particular, experimentado por primera vez lo que es vivir
en otro país.
Shoshannah ya tenía experiencia de sobra; es más, es un caso formidable
de multiculturalismo: madre canadiense, padre estadunidense y nacida por esas
cosas del destino en Honduras. Luego sus pasos se trasladan a Canadá, los
Estados Unidos, Australia, viajes por Asia y Centroamérica, hasta regresar a
Honduras, el país en que nació.
Para mí, era todo lo contrario, siempre soñé con viajar, con conocer
otras culturas, otros idiomas, pero, mi experiencia internacional se limitaba a
un par de viajes por Centroamérica, nada del otro mundo.
Hay en Honduras un dicho muy popular -No es lo mismo verla venir a
hablar con ella-. Y así me pasó a mí.
Llegué a España siendo un ser inseguro de mí mismo, todavía con varios
prejuicios, resistiéndome a los cambios y cabeza dura, aunque pensaba que era
todo un cosmopolita. Lo cual resultó ser una absoluta mentira.
Creo que si superamos esos primeros meses con Shoshannah en España,
podemos superar cualquier situación, aunque a veces me pongo necio y testarudo.
El proceso de adaptación fue sumamente difícil y por varios meses me encerré
en mí mismo y la cosa no fue para nada bien.
Sumado a esto el primer invierno, la ausencia de los amigos y de la familia,
el ambiente hostil debido a la crisis económica y el estar viviendo en un mundo
tan distinto al que estaba acostumbrado, al final todo esto terminó cobrando la
debida factura, dejando amargura y esos putos arrebatos del humor que siempre
me persiguen.
El invierno terminó y la primavera fue tan corta, las noticias no daban
buenos augurios para España y todo el país caminaba con el fantasma de la
crisis en sus espaldas.
Shoshannah pudo conseguir un trabajo con la empresa con la que trabajaba
en los veranos en Canadá y los Estados Unidos. Es una empresa que hace tours en
bicicleta a nivel mundial.
Iba a estar trabajando en Francia y Holanda, y yo no tenía la intención
de quedarme en Castellón, un pueblo desierto en el verano.
Con el impulso de Shoshannah empecé a buscar trabajos de verano. No era
el momento para aquello, el factor crisis sumado al hecho de ser un inmigrante,
me hizo imposible encontrar un empleo.
Entonces, recordamos una charla con un amigo, que había hecho un Woofing
en Catalunya.
Woofing es una organización internacional, que se encuentra diseminada
por todo el mundo. Es una manera para conocer otras culturas a cambio de
trabajar voluntariamente en proyectos que pueden ir desde huertas orgánicas,
proyectos de permacultura y bio-construcción, todo haciendo referencia al medio
ambiente, pero, teniendo como punto de partida los valores sociales y
sostenibles.
Apliqué a un par de sitios, en Francia y Catalunya, buscando estar cerca
de Shoshannah.
En dos días me contestaron diciéndome que me aceptaban por el tiempo que
quería en un proyecto llamado Mas Franch. Le di un vistazo al sitio web de la organización.
Siendo honesto no tenía conocimiento alguno de permacultura, bio-construcción o
de huertas. Pero, era el momento de arriesgarse y de hacer algo diferente.
El verano llegó con todo su esplendor y no quedó de otra que tomar el
tren.
Viajamos juntos de Castellón a Barcelona y nos despedimos en la estación
de Sants. Shoshannah seguiría hacia Francia y yo me quedaba a unos cuantos kilómetros
de Barcelona, para ser más específico en las afueras de un pueblito de algunos
dos mil habitantes, llamado San Feliu de Pallarols, enclavado en el corazón de
la comarca de la Garrocha. Un lugar sencillamente de ensueño, de esos que se
miran en las películas medievales.
Me perdí por dos horas buscando el lugar, caminé por caminos de
herraduras, con mi mochila a hombros y un sentido de ubicación que había
fallado por completo.
El sol poco a poco se iba escondiendo y el miedo que ya sentía empezó a
acrecentarse, hasta que los focos de una furgoneta me alumbraron la cara y
escuché que alguien mencionaba mi nombre.
Se trataba de Gusy, un voluntario del proyecto que venía en mi búsqueda,
asumiendo por la demora que me había perdido. Me dijo que no era el primero y
que no sería el último en perderme con una sonrisa picaresca.
Me subí en la furgoneta y me sentí estúpido, porque estaba tan cerca del
lugar. Diez minutos en coche bastaron para llegar a donde tenía que llegar.
Me recibió Erika, la pareja de Gusy y al igual que Shoshannah todo un
mapamundi cultural; mejicana por nacimiento, con madre canadiense con
descendencia irlandesa- italiana y padre peruano.
Me explicó el funcionamiento de la organización, que es un colectivo
social, una cooperativa que busca ser un agente de cambio en la comunidad, llevando
a cabo numerosos proyectos, teniendo como principal objetivo el respeto por el
medio ambiente, la diversidad cultural y las ideas.
Me moría del hambre después de caminar por dos horas y al parecer había
llegado justo a la hora de la cena. Ahí conocí a Juan, todo un personaje, actor
de teatro que había dejado su carrera en Argentina para encontrarse a sí mismo
y había terminado en el Mas Franch. Me preguntó que sabía hacer a lo que
contesté con la verdad y un poco de pena -no mucho-. Y Juan me contestó -
tranquilo, estas en el lugar indicado, dándome una mirada de complicidad. A la
cena se sumaron Thomas, un chico belga y Silvia una chica suiza, ambos
voluntarios.
Desde pequeño la inseguridad ha sido una constante en mi persona, hasta
el día de hoy, con más experiencias de vida, siempre hay momentos donde me
siento intimidado y con muchos miedos.
Ha sido un gran reto dejar todos los miedos atrás, principalmente el
miedo de hacer mal las cosas y de defraudar a los que confían en mí.
En aquel momento estaba aterrorizado, sin saber a qué me enfrentaría y
todos los sueños de aventura que desde niño había tenido, estaban resultando
ser toda una pesadilla (no es lo mismo verla venir que hablar con ella). En la
cena me hicieron varias preguntas y sencillamente no estaba acostumbrado a
compartir con gente tan diversa, y quería sonar inteligente, coherente e
interesante. Todo debido a la dichosa inseguridad.
Luego, me di cuenta que en el Mas Franch no importaba lo inteligente, lo
coherente y lo interesante, todo lo contrario, era el espacio perfecto para ser
quien verdaderamente se es, sin mascaras ni ataduras.
Me quedé más de un mes en el Mas Franch, trabajando en bio-construcción,
ayudando en la cocina, aprendiendo sobre permacultura y lo más importante de
todo, siendo yo mismo, con mis miedos y mis inseguridades por fin expuestas.
Compartí con gente que me cambió para siempre, gente a la cual siempre
le guardaré un enorme respeto, por haber dejado todo atrás por entregarse a lo
que aman.
Salí del Mas Franch lleno de experiencias nuevas con destino a Holanda
para encontrarme con Shoshannah y para hacer un viaje en bicicleta, del cual algún
día escribiré.
Pasé el mejor de los momentos en aquella Masía del siglo XVIII y me fui
con la convicción de que regresaría y así fue, el siguiente verano regresé al
Mas Franch y al igual que antes, encontré personas sensacionales, que me marcaron
y que me enseñaron a seguir soñando sin importar que muy a menudo el mundo
material nos amarre a lo superficial.
Ahora que me encuentro viviendo en un mundo tan dado y sirviendo intereses
ajenos, me escapo y vuelvo a aquellos días del sol en la Garrocha.
Sé muy bien que esta vida que estoy llevando no durará para siempre, sé
muy bien que tengo que recuperar los sueños y luchar por ellos, tal y como me
lo enseñaron en el Mas Franch.
Desde aquel verano del 2009 mi vida no volvió a ser la misma y doy
gracias por ello.
De aquella
experiencia, me quedó un grupo de amigos que deambulan por los rincones de este
mundo y un cúmulo de historias que algún día terminarán siendo una novela.
Toronto, 17 de diciembre
lunes, 10 de diciembre de 2012
Una Semana Después
Después de la tormenta
viene la calma, dicen por ahí y creo que así es.
En mi última columna peque
de melancólico y me ate a los azares del negativismo.
Escribir sobre Honduras, es
como poner vinagres en las heridas y calmar el ardor de las mismas tarda mucho
tiempo.
Lo cierto es que ha pasado
una semana desde que escribí la última columna y al parecer el frío de Toronto
ha hecho que mi cabeza se enfríe, aunque por adentro de mis entrañas las
emociones siguen circulando a grandes raudales.
Este último viaje como era
de esperar trajo muchas reflexiones, quizás mas reflexiones de lo habitual, y
me ha resultado muy difícil poner cada una de esas reflexiones en un orden
aleatorio, para ir poco a poco encontrando respuestas.
Antes que nada quiero dar
gracias a Shoshannah, esa compañera que me ha puesto la vida; es la roca que me
da fortaleza y ese manto que seca mis lágrimas. Ella sufre quizás más que yo,
cuando la melancolía y la tristeza invaden mis existencias. Especialmente
cuando se esta lejos de la familia y de los amigos.
Después de dejar el
aeropuerto Toncotin en Tegucigalpa todo cambió. Mientras observaba a través de
la ventana del avión y a la lejanía el rosario de casas que componen
Tegucigalpa, se formó un nudo en mi garganta; sabia muy bien que como siempre
pasa cuando viajo a Honduras, que estaba dejando un pedazo de vida atrás.
Fue justamente, en el instante en que el avión
hizo un movimiento curvo y los cerros que rodean la ciudad se fueron alejando
de mi retina, no pude más y empecé a llorar.
Shoshannah se percató de
aquello y solidariamente empezó a llorar conmigo, y sin decir nada ambos nos
despedimos del país que nos vio nacer.
Luego la aeronave alcanzó
una gran altura, dejando en el olvido cualquier indicio geográfico y solamente
tuve enfrente de mis ojos nubes aterciopeladas y esa sensación de flotar en el
vacío.
Hicimos una larga escala en
Atlanta y mi alegría había quedado atrás; con los rostros de mi gente, con los
niños que juegan entre los infinitos basurales, con la mirada tierna de mi
madre, con las risas de mis amigos, con el positivismo de algunos que todavía
se aferran a creer que un cambio esta por venir y desde luego, con la infinita
belleza de un país que todavía late y que se resiste a morir.
Aterrizamos en Toronto a
las doce y diez de la mañana. El cansancio se unió a la desazón y a la
tristeza, y ni hablar de los menos siete grados centígrados que nos recibieron
al salir del aeropuerto.
Llegando a casa, todo me pareció
tan diferente, tan nuevo y tan finamente diseñado.
Estaba en el cuarto de baño preparándome para
lavarme los dientes cuando sin esperarlo empecé a llorar. Me hundí en un profundo
llanto, como llora un niño cuando ha perdido lo que mas quiere.
Entonces, empecé a sentir
un sentimiento de culpa por tener lo que tengo, por vivir con las comodidades
con las que vivo y me empecé a auto criticar el porqué de tantas cosas que me
rodean o por qué yo tengo lo que tengo y otros no tienen absolutamente nada,
pero, no todo se trataba acerca de cosas materiales, que a la larga no importan
nada, sino que entraban en la lista preceptos demasiado abstractos, que serian
imposibles de explicar.
En síntesis, fue un fin de
semana largo, frío y duro. Ni mi corrida de los fines de semana me pudo tranquilizar
y la serenidad que necesito para enfocarme en mis proyectos tardó en llegar.
Es extraño, siempre he
tenido la facilidad de adecuarme a nuevos lugares. Creo que es debido a que
desde que tenia cuatro años he andado saltando de lugar en lugar, desde que nos
movimos de Tela a Comayagua, luego a Tegucigalpa, después a Siguatepeque, sin
pasar por alto las vacaciones que pasé trabajando con mi tío Juan en San Pedro
y luego el regreso a Tegucigalpa, para terminar exiliándome en Siguatepeque a
pedido propio y haciéndole caso a mi alma que en aquel entonces andaba en las
penumbras.
Luego vino el salto
internacional, Europa, España, las estaciones de tren, los aeropuertos de
madrugada y el silencio de los pensiones de paso.
Después le llegó el momento
a Canadá y ahora son los regresos a Honduras.
Me he sobre puestos a todos
los cambios, algunos dirían que asombrosamente, incluso me he sabido adaptar al
temible invierno canadiense, a otro idioma y a otras normas, pero, este último
regreso a Honduras me ha dejado alicaído y con un montón de pensamientos dando
vuelta en la cabeza.
El caso es que ahora se
trata de dos y no de uno solo, Shoshannah es la que sufre estos arrebatos del
humor y una vez más, tal y como suele suceder me ha hecho ver que me ama al
aguantar mis polaridades y compartir mis tristezas.
Me pasé el fin de semana refunfuñando
y pensando en todo lo que había tenido enfrente en mi viaje a casa; las caras
de los sucios políticos, la miseria, el hambre y todas las cosas que me
entristecen y que por completo me hicieron olvidarme de las cosas positivas, llevándome
a encerrarme en un círculo oscuro.
Ha pasado más de una semana
desde que regresé a Toronto y parece que ya estoy nuevamente en el engranaje,
empezando el invierno y retomando proyectos que se estaban quedando atrás.
Otro año esta por terminar,
cuando todavía tenemos la sensación que apenas acaba de empezar.
Si algo he aprendido en
estos 32 años de existencia, es que la vida es una caja de pandora, llena de
sorpresas, de momentos alegres y de amargos, de pruebas y vicisitudes.
Pero, al final siempre esta
la luz al final del túnel y no queda mas remedio que reinventarse e intentar de
nuevo.
Creo que no somos nada sin
nuestros sueños, aunque muy a menudo tarden en aparecer y aunque a veces
pensemos que nunca llegarán, pero hay que seguir creyendo en este dogma de
vida; que todo llega a su tiempo.
La tristeza de la columna
que escribí una semana atrás poco a poco esta quedando atrás y aunque el cielo
este gris y el invierno halla borrado el verdor, todavía se vale soñar y de vez
en vez poner una sonrisa en la cara y apreciar de que todo no esta perdido.
A todos los que leen este
blog, a Shoshannah mi infinito apoyo, a mi familia en Honduras y a mis amigos que me han enseñado el
camino.
Toronto, 10 de diciembre.
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