martes, 18 de noviembre de 2008

Dormir contigo

La cama esta servida, expuesta como un delicado mantel, repleta de platos vacíos y copas de cristal. Las almohadas esperan por nuestras cabezas, por nuestros sueños que soñamos despiertos. La cama luce tan bien, perfectamente vestida con sus mejores galas, solo faltamos nosotros dos. Nuestros cuerpos fríos se entibiarán entre las sabanas perfumadas por la lavanda que rocía la madrugada. La cama ha esperado este momento todo el día, nos miramos mutuamente como sabiendo de antemano cual sera el próximo paso a dar, nos cogemos de la mano, nos regalamos un beso presente, recorremos con la mirada un par de centímetros mientras nos elevamos del suelo, para anidar en el umbral mágico de lo que queremos olvidar. Ahora estamos acostados en nuestras espaldas, con las piernas formando una cruceta como un compás.
Nos olvidamos de lo que vivimos en el día, solo importa nuestro calor, ese calor conseguido a base de besos y caricias. Pasan las horas y no queremos salir de la cama, hasta que somos expulsados del paraíso por el despertador, caemos en el cuenta a gotas que ya estamos en el mundo de los mortales, salimos de nuestro inmutismo y no hay mas remedio que darnos los buenos días y una sonrisa que sabe a sueño, mientras te restriegas tus ojos azules con tus dedos, observo hacia la ventana; El sol todavía no se atreve a salir, también el se resiste a enfrentarse con una nueva realidad, entonces nos volvemos a ver de nuevo, sin emitir ninguna palabra coincidimos que todavía tenemos un par de minutos para seguir soñando en el encantamiento de nuestro mundo sin voces.

No hay comentarios: