martes, 4 de noviembre de 2008

El hábito hace al monje

Las palabras dejaron de ser palabras, los besos fraguados en la intemperie de alguna abandonada avenida se escabulleron entre las cenizas del frió.
Indiana Jones se perdió en la selva de concreto que traiciona vistiendo atuendos discretos. La opaca fantasía de estar bien se esfumo como una Canada dry en el desierto. No sirvió de nada ese peregrinaje a los monasterios budistas en las faldas de los Himalayas, no sirvió nadar desnudo y sin mis amuletos en las aguas del amazonas. Lo cierto es que rodé por los picachos filosos de una montaña deforestada, sin mañanas y sin amores que tienen diecisiete años que dibujan la palabra engaño en un molde de soledad.

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